Aplazado el lanzamiento del primer viaje espacial tripulado en nueve años desde suelo de EEUU

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La misión Demo-2, el primer viaje al espacio tripulado de EEUU en nueve años desde su suelo y sin depender de las naves rusas Soyuz, se ha retrasado este miércoles por el mal tiempo. La nave Crew Dragon de la NASA, en un cohete de la empresa de Elon Musk Space X, tendrá otra oportunidad el sábado para partir hacia la Estación Espacial Internacional.

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Los astronautas Douglas Hurley y Robert Behnken, en su salida hacia la plataforma de lanzamiento. (NASA/AFP)

Nueve años después del viaje del transbordador Atlantis, todo estaba listo para que un cohete Falcon 9 de la compañía SpaceX despegara este miércoles desde el Centro Kennedy de Cabo Cañaveral (Florida) con una nave con dos astronautas de la NASA rumbo a la Estación Espacial Internacional (ISS).

Sin embargo, el mal tiempo ha hecho que el lanzamiento se posponga al sábado, una decisión tomada quince minutos antes de la hora prevista para el despegue, con el brazo que comunica la nave con la rampa de lanzamiento ya retirado.

El proyecto marca tres cambios en la carrera espacial. Por una parte, es el primer viaje espacial orbital tripulado desde suelo estadounidense desde 2011. Desde que EEUU abandonara su programa de lanzaderas con el Atlantis, todos sus viajes tripulados al espacio –al igual que los del resto de países– han tenido que hacerse desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, y en naves Soyuz rusas.

En segundo lugar, supone el paso final antes de que el Programa Comercial Tripulado de la NASA certifique a la nave Crew Dragon para misiones operativas de larga duración en la estación espacial.

Y además, durante la Demo-2 se van a probar los sistemas de vuelo, el cohete, la nave y el proceso de aterrizaje diseñados por la compañía fundada por Elon Musk, Space X. El magnate da así un enorme paso en su carrera con otros dos millonarios por la comercialización y privatización de los viajes espaciales: Jeff Bezos, propietario de Amazon, y Richard Branson, dueño de Virgin.

 

 

Desvincularse de la dependencia rusa

Para EEUU, la misión Demo-2 supone desvincularse de la dependencia de Rusia para enviar astronautas a la estación espacial en un momento en que planea incluso ya la explotación minera de la Luna y asteroides. Washington ha pagado cerca de 4.000 millones de dólares en las últimas dos décadas por los asientos de sus astronautas en las naves Soyuz.

También busca sentar las bases para los planes de exploración futura de la Luna, a partir de 2024, y Marte, a partir de 2030 (Programa Artemisa).

Las siguientes fechas para intentarlo serán el sábado 30 de mayo a las 15.22 hora local (21:22 en Euskal Herria) y el domingo 31 de mayo a las 15:00 hora local (21.00 en Euskal Herria).

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el vicepresidente, Mike Pence, se encontraban en  Cabo Cañaveral para el lanzamiento.

Un día de viaje, varios meses de misión y regreso

Cuando llegue el momento de su despegue, el cohete Falcon 9 acelerará hasta alcanzar una velocidad de 17.000 más de 27.000 km/h.

La cápsula Crew Dragon, de 6,2 metros de altura, se separará y pondrá rumbo a la ISS, a la que llegará unas 24 horas después y donde los astronautas permanecerán entre uno y cuatro meses realizando trabajos científicos y técnicos.

Mientras, el Falcon 9 comenzará su descenso para aterrizar en la plataforma flotante de SpaceX «Por supuesto todavía te quiero», en el Atlántico.

De vuelta a la Tierra, la cápsula se desacoplará de forma autónoma de la estación espacial para reingresar a la atmósfera terrestre y desplegar los dos primeros paracaídas a más de 5.400 metros de altura.

Otros cuatro paracaídas se desplegarán a 6.500 1.900 metros antes de que la nave americe frente a la costa atlántica de Florida y entre en el agua a 27 kilómetros por hora.

Los astronautas serán recogidos por el barco Go Navigator y devueltos a Cabo Cañaveral. La cápsula también se rescatará, pues es reutilizable como el cohete.

Los astronautas

Bob Behnken y Doug Hurley serán los dos astronautas que viajarán a bordo de Crew Dragon y vivirán en la ISS durante los próximos meses.

Behnken, que será el encargado de acoplar la nave a la ISS, se convirtió en astronauta de la NASA en el año 2000, ha completado dos vuelos en un transbordador, tres paseos espaciales, es graduado en física y ingeniería mecánica por la Universidad de Washington y obtuvo una maestría y un doctorado en ingeniería mecánica en el Instituto Tecnológico de California.

Por su parte, Hurley, que está a cargo del despegue y el aterrizaje, fue seleccionado como astronauta al mismo tiempo que Behnken, ha completado dos vuelos espaciales, obtuvo su título en ingeniería civil por la Universidad Tulane de Luisiana y es piloto de pruebas de la Armada de los Estados Unidos.

Naves a prueba

A modo de preparación SpaceX ha completado una serie de misiones para validar la capacidad de la compañía como el primer vuelo comercial a la ISS que se llevó a cabo en marzo de 2019 sin astronautas a bordo.

La Crew Dragon se convirtió así en el primer transbordador estadounidense que consigue acoplarse de forma autónoma a la estación y volver a la Tierra.

La última tuvo lugar el pasado mes de enero, cuando SpaceX probó la capacidad de la cápsula en caso de una emergencia en la que los astronautas tuvieran que escapar durante el despegue.

El transbordador espacial Crew Dragon tiene la capacidad para transportar a un total de siete astronautas. La cápsula usada durante esta misión puede mantenerse en órbita un total de 110 días, pero la NASA obliga a que la futura nave operacional pueda mantenerse al menos 210 días.

El cohete Falcon 9 sobre el que irá acoplada la nave espacial está compuesto por dos partes, mide un total de 70 metros de altura, tiene nueve motores y pesa más de media tonelada de kilos, pero su característica más importante es que es reutilizable, lo que abarata los costos de los viajes espaciales.

Diseños de superhéroes

La misión deja atrás los trajes naranjas de los astronautas. Hurley y Behnken vestirán unos trajes blancos de una pieza creados por el diseñador de Hollywood José Fernández, especializado en vestir a superhéroes de películas como «Capitán América: Guerra Civil», «Batman vs Superman» o «Wonder Woman».

En 2014 la NASA otorgó a Boeing y a SpaceX contratos por un total de 6.800 millones de dólares para desarrollar el programa comercial de transporte espacial y dejar de depender de la nave rusa Soyuz.

Desde entonces, ambas compañías han avanzado en aras de conseguir completar satisfactoriamente los viajes espaciales comerciales, unos sistemas que, una vez certificados por la NASA, se utilizarán en las misiones futuras con las que agencia pretende volver a poner el pie en la Luna o llegar hasta Marte.