Jesús Franco, cineasta entre el oro y el barro

La escena sexual

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Más de una vez hemos hablado en esta columna cachonda sobre la obra de Jesús Franco, uno de los cineastas más prolíficos de la historia. El hombre ha realizado toda clase de películas clase B por todo Europa, tanto en su España natal como en Italia, Francia y bastante en Alemania. Usó mil seudónimos aunque el más frecuente además del nombre con el que lo han bautizado -porque ha sido un cristiano cabal- es Jess Franco. Fue asistente de dirección (y director de segunda unidad) de su amiguete Orson Welles en Campanadas de Medianoche, y tenía otros muchos amigos de más peso en el universo cinematográfico. Su fama proviene sobre todo de las películas de explotación, que combinaban la carne al viento con la copia más o menos (muchas veces más) descarada de otras películas por cierto mejores. Filmaba a las apuradas y podía ser erótico o soft y también, en ocasiones, visceral y hard.

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De todos modos, hay algo que pocos se animan a admitir y era que Franco sabía filmar y narrar, que por supuesto que no es lo mismo. Incluso en sus peores películas, hay momentos en los que se nota que tiene sensibilidad para el encuadre. Es decir, hay momentos plásticamente bellos hasta en el peor de sus bodrios -y les aseguramos que hay mucho para elegir. También es obvio que sabe narrar de manera económica o efectiva, lo que implica utilizar las imágenes más pertinentes y con más emoción potencial para comunicar una situación cualquiera. Sin embargo, da la impresión de que le gustaba más hacer las películas -y cobrar por ello, lo que no es ninguna vergüenza- que las películas en sí. Que solo en ocasiones lograba expresar completamente una visión del mundo y una visión estética. 

En general las películas de Franco son cuentos morales. Los malos son bien malos, los buenos son bien buenos y todos, al menos en las películas eróticas y soft porno, están sometidos a sus bajos instintos, que suelen operar como una especie de maldición. Aunque en ocasiones, esto genera el efecto paradójico de revelar la verdad bajo la apariencia de cada uno de sus caracteres, lo que genera que estallen las pasiones y, en última instancia, muestren un universo que es literalmente romántico. Quizás todo esto les parezca un poco exagerado tratándose de un realizador menor. Y no, lo interesante de este español cosmopolita consiste justamente en que detrás de las capas de barro hay oro verdadero. El gran problema es que todas sus películas tienen  amplias capas de barro y el oro hay que desenterrarlo. En última instancia, como muy pocas son aburridas -y todas tiene  sangre, violencia y sexo a raudales- es bastante entretenido ir a por el premio mayor. Eso sí, algunas de estas obras son solo barro.

Para ilustrar lo que podríamos llamar "el método Franco", vamos a hablar de una de las películas que rodó en Alemania, Frauen im Liebenslager, o Mujeres en el campo de concentración del amor, más o menos literal (no pidan que uno encima hable alemán, amigos). La película copia descaradamente escenas y procedimientos de la serie Ilsa-The She-Wolf of the SS (Ilsa, la mujer lobo de las SS), donde una masiva, sádica y lésbica nazi teutona enseñaba a indefensas jovencitas a satisfacer a jerarcas hitlerianos, so pena de tortura. La primera curiosidad es que sí, hay una "Ilsa" aquí (la muy bonita Muriel Montossé), que encima se llama "Isla", porque para qué perder tiempo en pensar nombre, hombre, pero no es nazi sino "revolucionaria". De hecho, todo parece ocurrir en un país centroamericano o caribeño de cuyo nombre nadie parece acordarse, y el ambiente parece referir al folclore de la Revolución Cubana. Porque se habla de la Revolución, claro. Es decir, se supone que estos señores están en el otro extremo ideológico de los uniformados de Ilsa. Si pensamos que la película es de 1977, resulta al menos extraño: no era frecuente que, fuera de los EE.UU., se pintara a una guerrilla de izquierda de este modo. Quizás fue algo ideológico, pero también es probable que fuera para evitar la acusación de plagio.

En la primera secuencia, vemos soldados raptando a dos prostitutas, una núbil jovencita que duerme en su cama y una recién casada que apenas llega a quedar con los senos al aire en la noche de bodas cuando los revolucionarios irrumpen en la sin llave habitación. El secuestro de las prostitutas, filmado con planos exactos y equilibrados, y un montaje que se acelera en pocos segundos, muestra la habilidad de Franco para ser preciso y efectivo, aunque un personaje masculino que hace gestos tras el secuestro también demuestra lo poco que le importaba que los extras actuasen más o menos decentemente. Es decir, atención por la narración, cero cuidado por el detalle.

Luego, el campo. Las chicas la pasan mal y no consiguen ropa nueva en toda la película (eso sí es una falla bastante grotesca, también achacable a la economía del rodaje) aunque se bañan varias veces. Las escenas de sexo son simuladas, lo que implica que no hay planos de penetración. Sin embargo, hay bastantes relaciones. De hecho, la casada se vuelve infiel porque, en última instancia, se enamora de uno de sus captores, que luego decide ayudar a las cautivas a escapar. Esto dispara (perdón por el spoiler) el último plano: esta mujer descubre que uno de los líderes revolucionarios es el marido que no consumó (al tanto, por lo tanto, del secuestro) y, enamorada de quien le demostró pasión y cariño, vuelve con él. Ese retorno es un plano fijo: la mujer corre hacia el objeto de su afecto semidesnuda, lo abraza en el fondo del plano, lo besa y ambos, abrazados, van desapareciendo en la espesura.

Aunque les suene descabellado -y juramos que no lo es- recuerda la solución que logra Kiarostami en el bellísimo plano final de Detrás de los olivos. El plano de Franco dura un par de minutos (eternidad en el cine) sin cortes. Es bello, equilibrado y emotivo: es decir, el oro en el barro. Claro que antes hay secuencias torpes y algunos escarceos lésbicos, más violencia casi explícita por parte de Isla. Qué cosa rara este Jess Franco: cuando quería, podía. Aunque lo más probable es que quisiera más la diversión del rodaje, los días al sol, las chicas desnudas y los viajes por Europa que legarnos una obra maestra. Y, pensándolo bien, no hay de qué culparlo. El filme está completo en Eroticage.net.