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Imagen: vecinas del asentamiento Shell piden ayuda sobre el puente El Naranjo, Guatemala / Prensa Libre / Érick Ávila

Guatemala: economía informal en crisis y banderas blancas por el hambre

El 80% de la población en Guatemala sobrevive de la producción y venta de sus mercaderías. Son ellas y ellos los que hoy salen a las calles y alzan las banderas blancas en señal del hambre en sus familias.

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El panorama empeora con el tiempo porque no solo el sistema de salud se desmorona, sino también la economía informal o popular: en Guatemala el 80% de la población sobrevive de la producción y venta de sus mercaderías. En ese sentido, la forma en que se aplican las restricciones es desigual, porque al sector empresarial se le privilegia mientras se ataca al sector de la economía informal, es decir, a todos aquellos que trabajan del día a día, los marginados por el Estado y empobrecidos por el sistema capitalista.

Hoy los que salen a las calles alzando las banderas blancas en señal de auxilio por el hambre, a los que en una conferencia de cadena nacional Giammattei llamó “acarreados”, son todas esas familias que sobreviven vendiendo su mercadería en las calles, buses urbanos y extraurbanos, los que trabajan en la construcción, venta de comida, talleres de mecánica, trabajo doméstico, pilotes de transporte público, entre otros.

Los que supuestamente el gobierno ayudaría con el famoso “bono familiar” que consiste en una cantidad de mil quetzales (Q1, 000/ 130.24 dólares), que se les proporcionaría por tres meses y que hasta el momento muchas comunidades siguen esperando.

La burocracia encargada de llevar el trámite para poder obtenerlo quedó a cargo de las municipalidades, quienes improvisaron la forma en que se iba entregar el bono. Algunos solo beneficiaron a las familias de los trabajadores del mercado, excluyendo a las familias del sector informal y peor aún, establecieron como requisito el mostrar su recibo de luz para obtenerlo, cuando muchas de esas familias son inquilinos y no propietarios.

Además, las pequeñas y medianas empresas han cerrados sus locales por falta de ventas y por no tener para pagar el alquiler de los locales. Es importante también hacer alusión a los trabajadores y trabajadoras de sectores de la economía hotelera, restaurantes, call centers, etc., donde han sido despedidos de manera masiva sin justificaciones, por suspensiones totales o parciales, dejando a muchos en la calle, sin la capacidad de poder sostener a sus familias, pidiendo apoyo con las banderas blancas.

Mientras que el Ministerio de Trabajo avaló mediante un decreto que los patronos pudieran “suspender” a las trabajadoras y trabajadores, sin mayores requisitos ni argumentos, más de 21 mil 859 empleados fueron suspendidos hasta el día 5 de mayo. Esto lógicamente ha sufrido un aumento, pero todavía no existen registros concretos sobre dicha cantidad, resultado obviamente de las restricciones implementadas por el gobierno.

Pero aun con un panorama tan crítico, me atrevería a decirle al mundo que el Estado neoliberal criollo en nuestro país no callará nuestra voces, ni evitará el descontento social. En algún momento saldremos a las calles y carreteras, como nos lo han demostrado los pueblos mayas en las comunidades rurales, que ante el descontento colectivo y las medidas restrictivas dicen: ¡NO nos detendrán!

*Ángela Álvarez es Maestra en Historia y Ciencias Sociales y miembro del Frente Estudiantil Revolucionario Robin García en ciudad de Guatemala