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Los jóvenes se han entregado en cuerpo y alma y han protagonizado las más disímiles tareas en estos tiempos frente a la COVID-19. (Foto: Delia Proenza/ Escambray)

¿Qué ha dejado de bueno la pandemia en Sancti Spíritus? (+video)

En Sancti Spíritus como en toda Cuba, el escenario del día a día, ha dejado aprendizajes que bien merecen perdurar

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El gran pensador Albert Einstein escribió hace ya casi una vida este mensaje edificante: “La crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo (…). Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno”. 

En realidad, estos meses insólitos y tremendos, de distancias y confinamiento, han llegado como un impasse, como un parteaguas para la humanidad, donde ha salido a levitar lo mejor y a veces también lo peor del ser humano. Pero, entre tantas incertidumbres, mejor seamos positivos y saquemos a flote las lecciones que estos tiempos de COVID-19 comienzan a dejar, quizás con la intención de poner un poco de orden en este mundo al revés.

Sancti Spíritus no vive en burbuja aparte, pero sin dudas aquí —como en toda Cuba— el escenario del día a día ha dejado aprendizajes que bien merecen perdurar: en primer lugar, ha sacado la sensibilidad, las reservas humanistas y las virtudes de muchos, que se entregan a fondo, con laboriosidad, altruismo y solidaridad para darlo todo a favor de la vida y del bien público, lo mismo en un humilde puesto de labor que en el barrio y hasta con un desconocido.

En particular, los jóvenes han protagonizado una especie de resurrección y quedado absueltos de cuestionamientos por la pereza e indiferencia generacional de que se les acusaba: para que los mayores se puedan quedar en casa, ellos han se han entregado en cuerpo y alma y lo mismo se les ve en una terapia intensiva, que en las pesquisas cortando cadenas a la pandemia, en un laboratorio, tras el mostrador de un mercadito, en una sucursal bancaria, cobrando la luz o sacando alimentos a la tierra.   

Ya no un aplauso, sino el mismísimo Premio Nobel particular bien merecen los médicos, enfermeros y en general los trabajadores sanitarios —no solo los internacionalistas, sino también los que se quedaron aquí—, unos por salvar vidas directamente y otros por prevenir o simplemente higienizar espacios peligrosos.

El sistema de Salud Pública —con ese andamiaje multiplicado hasta el epicentro del barrio y el más aislado batey—, junto a la comunidad científica vinculada a esa rama, sin grandes recursos ni instalaciones del Primer Mundo, han elevado a las cumbres universales los servicios médicos cubanos y la industria biofarmacéutica nacional.

El ímpetu y la virtud de entregarse al otro han robustecido además a la familia, médula ancestral de la raza humana, nido para el refugio adonde han regresado no pocos hijos, horcón para salvar a los abuelos, cuya existencia se ha defendido aquí a capa y espada de una enfermedad que, por ejemplo, en la opulenta Europa ha segado la vida a miles de ancianos.

Por cierto, lo mismo en el viejo continente que en Asia o Norteamérica la pandemia ha llegado para demostrar otra vez que en la fórmula humana el dinero no resulta igual a la vida; que las desigualdades incorporadas a lo largo de siglos, las fragilidades de los sistemas sanitarios y la incompetencia de algunos gobernantes no caen en saco roto, sino sobre las espaldas de los más vulnerables, esos que han muerto más y primero en naciones poderosas como Estados Unidos o el Reino Unido. 

Cuando aquí nace instintivamente la sensibilidad, otros países sufren una desvalorización sin precedentes, con evidente sabor a bilis y hedor a podredumbre: por ejemplo, en España llueven las amenazas al personal sanitario y a cajeros de los comercios para que abandonen sus lugares de residencia; y en Ecuador la intendenta de Guayaquil bloqueó unilateralmente la pista de ese aeropuerto con el fin de evitar el aterrizaje de un avión procedente de España por temor al posible contagio de la tripulación, poniendo en riesgo vidas humanas y hasta el tráfico aéreo internacional.

Pero, en Cuba, algunos académicos ya han sugerido que la situación extrema generada por el SARS-CoV-2 ha puesto sobre el tapete las virtudes del sistema nacional de la Defensa Civil, así como de la colaboración interinstitucional —ya sean ministerios, organizaciones políticas y sociales, gobiernos a los diferentes niveles, amas de casa, empresas, sector privado, trabajadores estatales, en fin, de toda Cuba, donde se actúa como país—.

Igualmente han elogiado la participación multidisciplinaria de profesionales, científicos, expertos, académicos en distintas materias, en función del bienestar común y en diálogo directo con la más alta dirección del país; la agilidad de respuestas que nacen hoy y no mañana; la comunicación pública interactiva y mejorada. 

Estos dos meses también han demostrado otras realidades más prácticas y terrenales, como la inutilidad de tantas reuniones; las innumerables ventajas y potencialidades del trabajo a distancia, subvalorado aún por muchas administraciones; la posibilidad de un  ordenamiento social que redondee en mayor recogimiento hacia el hogar, regulada bullanga en equipos de música desenfrenados, menos borrachera y pachanga a deshora en el más insospechado escenario.

Durante estas jornadas resulta plausible, además, el desempeño policial en el enfrentamiento a acaparadores, revendedores y violadores de precios, entre otras ilegalidades. Además, su actuar respetuoso se ha hecho sentir para lograr el ordenamiento ciudadano, ya sea en las kilométricas colas, en los centros de aislamiento, en las calles y carreteras, en los puntos de control sanitario y vehicular, así como en la custodia al traslado de los aseguramientos y recursos asignados para el enfrentamiento a esta compleja situación sanitaria.

El actuar de las fuerzas del orden público contra el delito igualmente se ha visibilizado más en los medios de prensa, con la consiguiente carga educativa que ello implica, amén de los puntos de credibilidad y audiencia ganados por estas publicaciones.

Por cierto, el periodismo nacional, no pocas veces cuestionado con razón por su ejercicio plano, gris, triunfalista, sin atractivos formales y contenidos distanciados de la realidad, también ha reaccionado a los imperativos de estos tiempos de pandemia con propuestas más creativas y elaboradas, el despliegue de las virtudes filantrópicas de los ciudadanos, el ejercicio objetivo del criterio, en fin con ediciones y emisiones de puntería.  

Otra de las enseñanzas que la COVID-19 ha dejado en Sancti Spíritus se encuentra en las producciones agrícolas, donde los hombres del campo han hecho parir la tierra a pesar de la sequía y las minidosis de recursos; donde el control ha multiplicado las ofertas, aunque estas continúen insuficientes; donde se ha puesto una pausa a la escalada de los precios y los desvíos de los alimentos más preciados. 

Bajo la presión de esta contingencia, en el top ten de la vida económica del territorio ha llegado, sin dudas para quedarse, el comercio electrónico, con el nacimiento de la primera tienda virtual aquí, imperfecta, insuficiente, pero bien demandada y con un demostrado arcoíris de potencialidades de cara al futuro.

Por su parte, la naturaleza ha resultado quizás la más bendecida por el nuevo coronavirus, en particular los entornos vinculados al turismo, donde ahora mismo ya se encuentran playas mucho más límpidas y azules, bosques menos desgarrados y peces o pajarillos que comienzan a regresar a sus hogares antes invadidos.  

Aunque parezca ya una redundancia, aquí hemos vuelto a acreditar que el Estado jamás abandona, lo mismo si eres un deambulante, un anciano huérfano de familia o un trabajador privado que se quedó sin empleo.

La pandemia también ha dejado de bueno esa nostalgia por el abrazo, la algarabía, la extroversión que un club de poetas villaclareños ha resumido en sus hermosas décimas “Quererse desde lejos”: Sé que lograré abrazarte/ pues venceremos al mal/ y el aislamiento social/ no me va a aislar de soñarte…/ Te saludo con el codo;/ tú bien sabes la razón:/ es mi codo la ilusión/ de sentirte de algún modo…/ Y cuando la enfermedad/ no nos contagie a ninguno,/ a ver si nos damos uno/ que abarque a la Humanidad.