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Víctima. Loriana Tissera.

Cuando se naturalizan los hogares quebrados

Córdoba se viene nutriendo desde hace tiempo de hogares resquebrajados por esa inseguridad que aprendimos a ver, a sufrir y a tolerar.

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Córdoba vuelve a cubrirse de sufrimiento, rabia y conmoción. El nuevo drama que nos trompea en la cara se llama Loriana. A sus 14 años, la jovencita sucumbió ante un balazo traicionero en la nuca cuando buscaba refugio en el hogar. No llegó a cruzar el umbral.

Tras el balazo, el motochoro recogió el celular de la chica, guardó el “fierro” en el pantalón y escapó junto con su cómplice en la moto azul, bajo el sol del feriado del lunes. El espanto quedó grabado en la mente del hermanito de Loriana. Apenas 9 años.

Cuentan en el barrio que los criminales viven cerca y que ya habían sido vistos cuando robaban a otros vecinos y gatillaban el “fierro”.

Nadie habla en la Policía.

La semana pasada, los Tissera, una familia de laburantes de clase media, estaban más que felices: pese al encierro y a las dificultades, como cualquiera en pandemia, Loriana había conseguido una beca para el secundario gracias a sus notas.

Hoy, la familia está hecha polvo.

Un barrio se reunió ayer en la calle, en plena cuarentena, para apoyar y exigir lo que no se consigue fácil: justicia.

Pasó en Villa Azalais, uno de los tantos barrios que vienen siendo sopapeados feo por la inseguridad en Córdoba.

Una inseguridad que nos viene acostumbrando a ver a familias destrozadas para siempre: la de esa jubilada, la de aquel anciano, ese albañil, el comerciante, el mecánico, la despensera, la embarazada, aquel repartidor, ese estudiante, esa policía, el pizzero, aquel changarín...

Córdoba no para de sumar caídos durante asaltos cada vez más bravos.

Quien espera en estas líneas manos libres para salir a meter bala puede seguir de largo.

Córdoba se viene nutriendo desde hace tiempo de hogares resquebrajados por esa maldita inseguridad que aprendimos a ver, a padecer y a tolerar.

Hoy, fue el turno de una chica con sus sueños haciendo fila, y eso nos pega mucho más duro.

Y otra vez fueron motochoros, esa metodología criminal que viene sumando más y más víctimas en Córdoba en los últimos tiempos.

Sólo en la cuarentena, ya son tres las víctimas fatales ejecutadas por ladrones en moto durante asaltos en la Capital. De todos modos, no hay que ser reduccionistas. Sabido es que, para andar y pegar en los barrios, los ladrones lo hacen en lo que sea; sea en moto, sea a pie, sea en coches de alta gama.

En Córdoba, a la luz de lo que se ve y se escucha, parece que, si no hay más víctimas, es gracias a los médicos que salvan vidas en los hospitales.

Hace rato que la delincuencia, que ya venía pegando feo desde hace rato, volvió a mostrar sus garras mal en la cuarentena.

En el medio, hay una Policía que llega tarde a los barrios y ya no figura ni en los grupos de WhatsApp; una Justicia que dice que está, y está para algunos nomás, y vecindarios cada vez más cansados y angustiados.

Para peor, el panorama pinta feo.

Las drogas, ese componente que explica en parte tanta furia, desapego y violencia exacerbada, empezó a cotizar más en los barrios, aunque escasea.

Lo saben todos. Es una cuestión de mercado: a mayor demanda y menos oferta, mayor el precio. A más costo, ¿qué se puede esperar de aquí en más en las calles?

Córdoba volvió a cubrirse de sufrimiento, rabia y conmoción.

Mientras, algunos miran hacia otro lado y parecen respirar aliviados, total esas cosas no pasan frente a sus narices, por ahora. Mientras, otros tantos siguen como si nada, anestesiados, acostumbrados a esa muerte ajena, a tanto hogar que se resquebraja.