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Chema Moya

Declaración del estado de pitorreo general

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Sería muy de agradecer que después del estado de alarma, en el que Pedro Sánchez nos ha instalado, se declarase el estado de pitorreo general. Con la máxima urgencia. Probablemente no esté contemplado en la Constitución pero su incorporación siempre es posible con una reforma inmediata. Porque lo que vivimos los españoles a propósito de la pandemia es un pitorreo general, o, si lo prefieren, una burla o un choteo, que para los que lo promueven puede resultar muy divertido pero para la mayoría es insoportable.

Después del baile de la yenka, a propósito del uso de mascarillas y guantes; después de enmendar mil veces la salida de los niños a la calle; después de ser incapaces de saber contar fallecidos; después de la antología del disparate, ahora vuelven a cambiarnos una vez más la forma de recopilar los datos y de contabilizar los afectados. Así se mejoran las cifras. Y al tiempo, y después de jurar y perjurar que la concesión de fases a las comunidades estaba sustentada en un riguroso e implacable análisis de sus situaciones, nos enteramos que la mayoría de esas comunidades pasaron de la fase 0 a la 1 sin cumplir todos los requisitos. Realizando pruebas a menos de la mitad de los sospechosos de padecer el virus. Y lo justifican en que «unos factores son interdependientes de otros», muy razonable. Y de gran peso.

Nos fuimos acostumbrando, con extraordinario esfuerzo, a que a cada anuncio le siguiese una rectificación, pero estos nuevos episodios nos llegan con la paciencia y la credibilidad agotadas. Todo tiene un límite y nuestro cuerpo ya no está para soportar un ajuste o una rectificación más cada mañana. Una pandemia que se ha llevado por delante no sabemos a cuántos, pero a unas decenas de miles, hay que afrontarla con el rigor y el respeto que requiere. Y si echamos la vista atrás y hacemos un breve recuento no vemos nada más que despropósitos. Tantos que han convertido la situación en un disparate. Un panorama general muy difícil de asimilar y al que lo único que le corresponde es la declaración de estado de pitorreo. Así al menos nos divertimos todos. Y superamos el trance con mejor ánimo.