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Ante la amenaza epidemiológica actual, a la par de ser los núcleos del autocuidado sanitario, las familias no han perdido protagonismo en la educación de las nuevas generaciones. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Las familias, en pandemia y en todos los tiempos

En el contexto de la actual pandemia, la función de proteger a sus miembros cobra mayor importancia y requiere más tiempo y dedicación

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Al mismo tiempo que una institución, la familia es uno de los grupos sociales que requiere una atención especial de los gobiernos en cuanto a sus necesidades, como el equilibrio entre el trabajo y las responsabilidades en el hogar y la reducción de la violencia doméstica, entre otros aspectos.

Existen diversas familias, tanto por su composición o estructura, como por su funcionamiento, y estos distintos tipos, así como la garantía de sus derechos y bienestar, interesan a toda la sociedad, tal cual refrenda nuestra Constitución. Las políticas y programas de cualquier esfera las impactan de una forma u otra, aunque no sea evidente de inmediato, ni en todos los casos.

En el contexto de la actual pandemia, la función de proteger a sus miembros cobra mayor importancia y requiere más tiempo y dedicación. Autocuidarnos, quedarnos en casa, no salir innecesariamente, informar cualquier síntoma, ser disciplinados y responsables, son los llamados constantes para cuyo cumplimiento las familias son fundamentales.

Hay quienes piensan que el valor de esta institución se hace notar solo en los momentos felices, de paz, de tranquilidad, o en su función de refugio afectivo y de solución a los problemas cotidianos. Sin embargo, su valor radica y se acrecienta cuando cada integrante asume con responsabilidad un rol dentro de la unidad, en pro del bienestar, del desarrollo y de la felicidad del resto de los miembros. Es indispensable que todos participen en las actividades y tareas que las sustentan, que compartan no solo gustos y aficiones, sino también responsabilidades, y se interesen los unos por los otros.

La división tradicional de las funciones productivas y reproductivas en los hogares, basada en el sexo, no refleja la realidad actual. Cada vez con mayor frecuencia en el mundo la mujer tiene un trabajo productivo fuera del hogar. En el caso de Cuba, la participación de las mujeres en todos los sectores de la

economía es elevada, e incluso, la

función económica de muchas familias se ha hecho más compleja en los últimos años, al surgir más y nuevas formas de trabajo no estatal, en el cual participan varios de sus integrantes. Dichos grupos han pasado de ser solo consumidores a ser productores de bienes y servicios, y establecen nuevas formas de relaciones económicas y personales entre ellos.

No obstante, las mujeres continúan con la mayor responsabilidad en la función reproductiva, la atención de la familia y el cuidado del hogar. Uno de los retos fundamentales en todo el mundo es lograr que hombres y mujeres formen una sociedad con iguales derechos y deberes. La igualdad entre los géneros en el hogar, la distribución de las responsabilidades familiares entre hombres y mujeres, y la participación de la mujer en el empleo son elementos básicos de este reto.

La familia también desempeña un papel importante en la educación escolar y extraescolar, y es una mediadora activa que transmite los valores humanos, la identidad cultural y preserva los vínculos intergeneracionales. En este sentido, este grupo es vital para garantizar que nuestros niños, adolescentes y jóvenes continúen sus estudios mediante las teleclases, que enriquezcan sus métodos de estudio, que los acerquen a los buenos productos culturales.

Una buena comunicación familiar es también esencial: aprovechar para hablar de diversos temas con nuestros hijos e hijas, sobre todo de aquellos que muchas veces no conversamos por no tener tiempo. Se trata de fomentar una comunicación franca, abierta y, sobre todo, constructiva, encaminada a solucionar los problemas en conjunto y no a discutir,  pelear o violentarnos.

Es muy importante reconocer que las familias no son agentes pasivos del desarrollo, sino que su especial protagonismo y sus aportes en las iniciativas participativas de desarrollo deben ser considerados y visibilizados. De ningún modo esto significa delegar en ella todas las responsabilidades. Estamos viviendo, en tiempos de pandemia, una experiencia especial en la corresponsabilidad entre el Estado, el sector no estatal, las comunidades, las familias y las propias personas en el cuidado de la salud, que puede ser una buena práctica a tener en cuenta e implementar para el tratamiento de otras problemáticas. En este contexto, las familias cubanas han demostrado poseer fortalezas para lidiar con las difíciles condiciones, basadas en las garantías que significan todas aquellas políticas y programas de la Revolución, implementadas para su protección y desarrollo, como la educación y la salud universal y gratuita, la atención y seguridad social, el respeto y protección de los derechos de la niñez, las mujeres y de las personas todas, refrendados en nuestra Constitución.

Las familias no son solo unidades de convivencia, sino redes de contención y espacios primordiales para enfrentar condiciones como la actual. Las cubanas han demostrado una enorme capacidad de resistencia y creatividad.

Hay que ver también cómo, en las limitaciones que la covid-19 ha impuesto a la interacción social, las familias no han perdido protagonismo en la educación de las nuevas generaciones, visto, por ejemplo, en el apoyo a las actividades escolares y en la formación de valores solidarios e internacionalistas. En su seno se contribuye, además, a preservar la identidad nacional y cultural, ante los embates del consumismo y el individualismo globalizados.

La preocupación y atención a las familias como células de la sociedad han sido líneas prioritarias de la Revolución, en cuya vanguardia destaca el trabajo transformador de la Federación de Mujeres Cubanas, en vínculo estrecho y coordinado con otras instituciones del Estado como los ministerios de Educación y de Trabajo y Seguridad Social.

Si en algo se ha insistido, desde la organización, es que toda iniciativa para contribuir al bienestar y desarrollo de las familias cubanas es perfectible. Por tanto, reflexionar en nuevas maneras de cómo atenderlas mejor, de cómo ayudarlas más, de cómo participar con ellas en la solución de sus problemas y aprender de sus experiencias, es tarea siempre pendiente y de todos los días.