Hacen pelota las vidas

Los picados de fútbol en el oeste encienden la alarma y hablan de la falta de conciencia social.

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Casi al mismo tiempo que en Neuquén trascendía la triste noticia de los picados de fútbol en el oeste, en Buenos Aires se informaba de la sospecha de vecinos de un humilde barrio que les atribuyen a los partidos en la canchita el brote de casos de coronavirus.

Desde el inicio de la cuarentena, las autoridades hicieron hincapié en la conciencia social, en el sentido de la responsabilidad que debían asumir y ejercer los ciudadanos para cuidar la vida propia y la ajena.

Lastimosamente, en las últimas semanas ha crecido el número de transgresores, de aquellos que deciden violar las normas o recurrir a trampas para hacer “vida normal”, como si lo peor ya hubiera pasado.

Error. Lo peor, según las estimaciones y los pronósticos, está por venir.

Ojalá que lo de los campitos neuquinos quede en una anécdota y no sea el disparador de más infectados.

Pero debe servir como aprendizaje o lección para

todos, y esto excede a los protagonistas del citado desatino.

Porque no debemos olvidar que hay muchos en la región preocupados por el retorno de los torneos comerciales, lo que en este contexto también es un despropósito, un verdadero disparate, una conducta llena de egoísmo.

Sería bueno, entonces, que todos recapacitemos. Ante cada intento de festejar antes de tiempo, el COVID-19 responde cruelmente para recordar que el partido es largo y no está terminado.

Dependerá, en gran medida, de la madurez y la conducta de la sociedad en las próximas semanas que la pesadilla termine con una mueca de alivio (no habrá lugar para sonrisas) o en goleada catastrófica.