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Sebastián Fariña Petersen

Las Perlas: vecinos piden bloquear el puente para evitar un brote

Lo solicitaron, tras el contagio de COVID de un grupo de policías, entre ellos uno neuquino que contagió a otras siete personas. El barrio está en alerta.

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Por Alberto Rivero - riveroa@lmneuquen.com.ar

Los habitantes de Las Perlas están viviendo en la incertidumbre luego de conocerse cuatro casos de coronavirus en efectivos policiales que prestan servicio en la Subcomisaría 82, lo que generó, además, siete contagios en Neuquén, ya que uno de los uniformados es oriundo de esta ciudad.

Los vecinos de Las Perlas reclaman que se instale un bloqueo en el puente para impedir el paso de personas y frenar un posible brote, además de readecuar el centro de salud con personal sanitario fijo. Actualmente hay 28 personas aisladas, a la espera de los resultados de los análisis.

Balsa Las Perlas es el barrio más poblado de Cipolletti y también el más alejado. Según indicaron los vecinos, la cantidad de habitantes en los últimos años ascendió a casi 20 mil personas. Sin embargo, los servicios no están a la altura de las circunstancias y su independencia administrativa ni siquiera figura como una posibilidad, al menos por ahora. El destacamento policial funciona con un total de 15 efectivos que prestan servicio en tres guardias diarias, pero ninguno de ellos reside allí. Situación similar ocurre en el centro de salud, que cuenta con tres médicos que viajan desde Cipolletti y dos enfermeras, para la atención durante la semana.

En el caso de que un paciente presente síntomas compatibles con COVID-19, deberá llamar al 109 y esperar un equipo que tendrá que viajar más de 25 kilómetros desde el hospital Pedro Moguillansky para analizar las muestras. Un viaje que, con suerte y poco tránsito, puede demorar una hora.

Además, la población cuenta con un delegado municipal que depende exclusivamente de lo que decide el Ejecutivo cipoleño, por lo que ninguna de las medidas que afectan a Las Perlas se toma allí. Para llegar, los vehículos deben cruzar por dos puestos policiales: uno en la margen norte del río Limay dependiente a Neuquén y otro al norte, perteneciente a Río Negro. Hasta ayer, no había controles sanitarios ni de circulación, solo algunos conos estacionados sobre la calle de tierra para advertir la presencia de la fuerza. El arco desinfectante para automovilistas que fue instalado a fines de abril dejó de funcionar, y cualquier medida sanitaria corre por cuenta individual.

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En la Subcomisaría 82, foco del conflicto tras el contagio de cuatro efectivos policiales, la situación parece más que normal. Los uniformados que atienden a los vecinos no lo hacen con tapabocas ni mayores resguardos sanitarios. El oficial principal a cargo de la unidad desde el jueves pasado, Fabián Maldonado, aseguró que se desinfectan oficinas y móviles de forma diaria, y que respetan el distanciamiento social. También contó que todo el personal fue reemplazado para cubrir las 15 vacantes del personal aislado y que el patrullaje se mantiene de forma normal. Agregó que los uniformados son todos de Cipolletti y fueron trasladados desde diferentes dependencias. "Quedé a cargo la semana pasada, desde que el jefe comenzó con síntomas tras viajar a Roca", expresó a LM Neuquén.

La aglomeración de gente comienza a advertirse en la zona comercial, sobre las calles Lorenzo Urra y Avenida del Trabajador. La mayoría camina de forma solitaria y tranquila, usando tapabocas y manteniendo la distancia social. Lo mismo ocurre en los mercados, con filas de clientes en el exterior y con un ingreso máximo de hasta tres personas. Al ser consultados, muchos habitantes contaron que hubo vecinos que tuvieron contacto estrecho con los policías, pero tienen temor de someterse al hisopado.

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"La situación es preocupante. Hasta hace días estaba todo controlado. Los contagios ingresaron por la comisaría y eso nos genera un gran problema. Hubo una irresponsabilidad que nos puso a todos en alerta; la gente de Balsa no fue la que trajo el virus", contó Ariel Barreto mientras esperaba en su auto a un familiar que hacía las compras. Otro de los vecinos, Héctor Fuentealba, exigió que se bloquee el puente y afirmó que esa "es la única medida de protección que funcionó". En la farmacia Pioneros, donde también funciona un Rapipago, el ingreso está restringido. Los propietarios instalaron cintas de seguridad amarillas con la insignia "Peligro" para mantener el distanciamiento y nylon sobre los mostradores para evitar fluidos que transportan el virus. A casi dos metros, atienden a sus clientes. "Desde un primer momento tomamos las precauciones que corresponden, pero esta situación alerta un poco más. Trabajamos muy atentos y con bastante miedo", contó Raúl Jaramillo.

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El vecinalista más reconocido del lugar, Jaime Flores, dijo estar preocupado por la pandemia, pero sobre todo por el abandono del Estado provincial. "Hace 51 días los vecinos estamos reclamando la falta de inversión en el sistema de salud y no hay respuestas. El virus ya no es un miedo en Las Perlas, es una certeza, porque llegó. Lo que falta que llegue son las políticas públicas", indicó.

Agregó que se sienten abandonados y exigen que se implementen protocolos sanitarios y controles. "Pusimos a disposición un salón comunitario para que se instale un centro de aislamiento, pero quedó en el olvido. Si llega a generarse un brote de contagios acá, esto va a ser un caos porque no hay modo de dar respuestas. Ni siquiera ambulancia tenemos, solo contamos con una camioneta que no sirve porque no está equipada para el traslado de pacientes, solo se transportan cajas", cuestionó.

Actualmente, según la última información de Salud, son cuatro los efectivos de esa subcomisaría infectados con COVID-19. Además, se aisló a 28 personas, 12 uniformados que prestaban servicio en el destacamento y 16 empleados de las oficinas del Ipross Cipolletti donde trabajó uno de los policías contagiados.

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El reclamo más postergado

El centro de salud de Las Perlas presta los servicios básicos de una atención primaria. Actualmente en el lugar trabajan tres médicos generalistas que viajan desde Cipolletti y atienden de lunes a viernes, de 7 a 22, en guardias rotativas. También prestan servicio dos enfermeras. El médico encargado del establecimiento está solo de mañana y se lo puede encontrar hasta las 10:30. La incorporación de una médica fija que iba a residir en el poblado aún no se concretó.

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En el edificio existe un protocolo de atención por la pandemia de coronavirus inscripto en un cartel y consiste en ingresar a los pacientes con síntomas respiratorios por una puerta externa para que no se mezclen con el resto, los denominados pacientes sanos. Pero, en realidad, el protocolo no se implementa porque cualquier síntoma respiratorio es similar al del COVID-19 y estos pacientes no son atendidos allí, sino que deben llamar a la Central de Emergencias 109 y un grupo especial viajará desde Cipolletti para asistirlos. Esa espera, debido a los 45 kilómetros que separan a la sala de Las Perlas con el hospital Pedro Moguillansky, puede demorar más de una hora. Además, la camioneta Ford que lleva la inscripción de "ambulancia" no está equipada para el traslado de pacientes.

Un rosarino está varado hace dos meses, a la espera de poder volver

Agustín Flores llegó el 17 de enero desde Rosario para trabajar en la temporada de verano. El joven, de 22 años, se incorporó rápidamente a una conocida cadena de heladerías de Neuquén capital, pero tras la cuarentena obligatoria decretada por el gobierno nacional a mediados de marzo, quedó aislado y a la deriva. Dos amigos le brindaron un lugar en Las Perlas, y suplica poder volver a Santa Fe.

"El 14 de marzo no pude trabajar más y me quedé varado en Neuquén. No tenía dinero y no podía pagar el alquiler donde estaba. Por suerte conocí a unos amigos que me ofrecieron un lugar en Las Perlas. Intenté realizar todos los trámites para solicitar el permiso de viajar, pero no tuve respuestas porque, además, no hay colectivos y no tengo movilidad particular", explicó.

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