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Pérez de los Cobos en una imagen de archivo. Foto: EFE

¡Viva la Guardia Civil!

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La crisis en la Benemérita es el último capítulo de este momento dramático que vive España no sólo a causa de la pandemia del coronavirus, sino de manera reforzada por la caótica gestión del gobierno central

La destitución del jefe de la Comandancia de Madrid, coronel Pérez de los Cobos, después de que la Guardia Civil atendiese las órdenes de una juez que ordenó investigar la autorización gubernamental de la manifestación del 8-M es junto con la dimisión del número 2 el Instituto Armado, Laurentino Ceña el último episodio que deja claro la crisis institucional que vive España y que tiene como único responsable al gobierno de la nación. Un ejecutivo presidido por un personaje que ha superado las peores expectativas y augurios que cualquiera pudiera hacer. 

La tradición ante la llegada de nuevos políticos a la primera línea suele ser la de creer que con el cargo maduran y se comportan como hombres de Estado. Especialmente en los últimos años con la irrupción de esta efebocracia donde personas de apenas cuarenta años llegan a gestionar la vida de 47 millones, y suelen ser individuos que jamás han trabajado en la actividad privada y por supuesto no saben lo que significa ni literal ni en sentido figurado eso de “levantar la persiana cada mañana”. Creo que es una anomalía que la política la copen los más jóvenes y los menos preparados, pero también es una irresponsabilidad que casi diez millones de españoles elijan a los peores para que les gobiernen. Y sí, tenemos uno de los peores gobiernos de los países democráticos del mundo por la formación (ver CV), la cualificación personal (escuchen cualquier rueda de prensa) y los resultados de su gestión (lideramos los índices más nefastos en muertes por millón de habitantes y contagios del personal sanitario). 

La buena fe en este caso es estulticia o maldad y si cada día los devotos de esta dictadura de la mentira y de la propaganda informativa renuevan su esperanza, cada día se produce un hecho que demuestra que los miembros del gobierno actúan con perversidad, con ganas de dañar las estructuras fundamentales de la democracia y de España, con el fin de aniquilar la libertad como valor supremo de un estado de derecho. Desde la burda manipulación en los medios públicos, a la absoluta falta de transparencia por parte de los dirigentes que llevan años hablando de ella sin saber ni querer practicarla. 

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El caso de este final de mayo es especialmente sangrante porque afecta a la seguridad de todos, porque demuestra la arbitrariedad en la toma de decisiones y porque pretende desacreditar y dañar a una de las instituciones más queridas y respetadas por todos los españoles en sus 175 años de historia, siendo además este año el de su aniversario, la Guardia Civil, nuestra Benemérita. Ese cuerpo que fundó el Duque de Ahumada y que lleva casi dos siglos velando por la seguridad de nuestras carreteras, nuestras ciudades, nuestras fronteras, nuestros mares, en definitiva, la defensa de España y sus ciudadanos. 

Si uno revisa el lema de la Benemérita y los valores y principios que inspiran a sus miembros encuentra lo opuesto a lo que simboliza el actual gobierno de España. Como recoge la propia web “Un guardia civil es militar en cuanto a su disciplina, su honor y espíritu de sacrificio, su abnegación, integridad, profesionalidad, lealtad y compañerismo.” Entre sus principios están “sacrificio, lealtad, austeridad, disciplina, abnegación y espíritu benemérito”, seguro que les ha recordado muchísimo a los ministros. 

Al final la vida la protagonizamos las personas y por ello nuestros valores, comportamientos y actitudes son fundamentales a la hora de conformar nuestro entorno y especialmente los políticos que tienen el poder que el pueblo les otorga durante un tiempo limitado (esperemos) para gestionar y a veces hasta crear “realidades”, y esos responsables públicos no pueden guiarse por el odio, la revancha, el rencor o el ansia de cambiar la sociedad que entre todos hemos ido construyendo. España se enfrenta a la mayor crisis de su historia reciente y no podemos hacerlo con los peores de entre los nuestros al timón de esta nave, menos mal que una vez más el honor de la Guardia Civil nos ha demostrado que hay instituciones en las que podemos confiar y a las que debemos defender. ¡Viva la Guardia Civil!