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LAURA GUERRERO
Análisis

La calle postcovid: la mitad de asfalto, el doble de árboles y más transporte público

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La calle ideal del siglo XXI se parece mas a la del siglo XIX, con algunas variaciones, que a las que se han construido en el siglo XX. Muchas de las calles por las que circulamos, incluidas todas las fantasías futuristas de túneles y vías soterradas, representan el pasado. Cuatro observaciones y una propuesta.

1. Imagino la calle del futuro más parecida a la propuesta de los ingenieros Ildefonso Cerdà (1860) o Arturo Soria y Mata (1895), con el transporte publico en el centro, árboles plantados de forma obsesivamente regular y buenas infraestructuras por debajo, que las construidas a partir de 1960, pensadas para hacer fluido el trafico con túneles, viaductos y nudos y mas tarde variantes, rondas y rotondas.

2. La continuidad de calles dibujó la ciudad que conocemos, ahora podemos concentrarnos en la continuidad de ejes verdes, que enlacen escuelas y hospitales, centros sociales y teatros, etc. Hay que recuperar la continuidad de los cursos de agua e impulsar los espacios productivos también para la agricultura que irrumpe en la ciudad. La actividad en los espacios libres se ha transformado y es más dinámica. Correr, ir en bici o hacer gimnasia al aire libre son formas comunes de entretenerse. No es casualidad que en los últimos años hayan proliferado parques lineales como los contiguos a los canales en Londres, los circuitos verdes en Paris, los viaductos en Chicago o en Helsinky, o el del Besòs aquí.

3. Hay cambios en marcha en Barcelona. Ampliar las terrazas ocupando el espacio de aparcamiento permitirá a bares y restaurantes abrir con mas comodidad. Pintar carriles para peatones y bicicletas también. Son primeras medidas, simples y efectivas, que lanzan un mensaje claro: en Barcelona los coches han de comportarse. Sus ruidos son nuestro insomnio, sus humos lo que respiramos, su espacio el que querríamos para más árboles. Bienvenidos en cualquier caso nuevos vehículos y artilugios que cumplen funciones específicas, que van a ir más despacio y no a la velocidad de vértigo actual -furgonetas de reparto o las vinculadas al trabajo, vehículos especiales para movilidad reducida, taxis y coches con chófer, etc. La industria del automóvil ya ha empezado a diversificar su oferta, lo que es una buena noticia.

4. El Eixample tiene la mayoría de calles de 20 metros. No hay tantas calles anchas iguales en ningún centro urbano del mundo. La propuesta de 'superilles' de hace unos años puede ampliar ahora su horizonte. Todas las calles quieren y pueden ser 'súper'. Actualmente no vale que haya calles 'buenas' peatonales y otras 'malas' donde circulan coches y autobuses perimetrales. Conviene regular garantizando igualdad ambiental a calles iguales.

Tenemos la oportunidad de que la naturaleza irrumpa de manera difusa y general en cada una de esas calles, que tienen calzadas demasiado anchas. Podemos levantar la mitad del asfalto negro impermeable que contribuye al aumento de temperaturas y a nuestro malestar y encontraremos debajo los adoquines y, más profundo, la tierra fértil del llano de Barcelona, dedicado durante siglos a la agricultura.

Habrá que encajarlo todo considerando la promiscuidad que es básica para una calle confortable. Un espacio en la actual calzada para tiendas, bares y restaurantes que podría ser sin asfalto. Un espacio para autobuses y otro para bicicletas y otros artilugios sobre ruedas, compartido con un carril para los vehículos imprescindibles y furgonetas. Todo esto encajado en 16 metros de anchura, que son los de una calle amplia. Sobran 4 (que corresponden a uno de los actuales carriles de coches más el espacio de los alcorques), para plantar. Todas las calles, sin excepciones, pueden aspirar a la maravilla de un parque lineal, como creo esta en el ADN del proyecto de Ildefonso Cerdà, donde pueden crecer hierbas y nuevos arboles, también plantados con rigor geométrico. Y organizar en cada encrucijada, que son plazas negras de mas de 2.000 metros cuadrados (¡mas de 400!,) un oasis. Un jardín o un huerto ordenado, con hortalizas, flores y mas arboles.

Para  transformar el centro de Barcelona en el mejor y mas igualitario parque urbano del s XXI hace falta una excavadora para arrancar asfalto, un hilo para establecer una pauta geométrica de plantación sistemática (¿porque no al tresbolillo de los plátanos?) y camiones de tierra abonada. La variedad está garantizada por la naturaleza. Todos viviremos mejor y la solución en el centro puede replicarse por toda la metrópolis. 'Sous le pavés, la plage!' fue una de las consignas mas poéticas del mayo del 68. Sirve hoy para imaginar otras cosas.

*Maria Rubert, Arquitecta. Catedrática de Urbanismo. UPC.