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Panorama político

La credibilidad de la JCE puesta a prueba otra vez

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La decisión de la Junta Cen­tral Electoral, JCE, ante la presión de los partidos políticos y el sín­drome provocado por la suspensión de las eleccio­nes municipales debido a los errores técnicos que se cometieron, atiza que se proclamen elecciones en el exterior el 5 de julio.

Se trata de un apuro que tiene al pleno de la JCE en una especie de “cá­mara de consejo”, ante un problema espinoso que compromete su credibi­lidad, el tira y hala entre los partidos y la política exterior, ya que están in­volucrados oreos esta­dos.

Es posible que los afa­nes por las elecciones suspendidas y las que se llevaron a cabo posterior­mente así como la pande­mia del COVID-19 le ha­yan quitado balance a la JCE para organizar debi­damente las elecciones en el exterior que impli­can gran logística.

Si por la presión de los partidos fuera, especial­mente por los de oposi­ción, la JCE habría toma­do la decisión de hacer las elecciones en los Esta­dos Unidos, España y otros países que en lenguaje di­plomático han dejado sa­ber los inconvenientes de­bido a la pandemia.

El gobernador de Nue­va York, Andrew Cuomo, en carta que firma su abo­gada y asistente general, Beth Garvey, señala que “apoya el derecho de todos los newyorquinos a partici­par en el proceso de la de­mocracia, incluyendo a aproximadamente 250 mil ciudadanos de la Repúbli­ca Dominicana, quienes ac­tualmente residen en el es­tado de Nueva York”.

Tanto en esa carta como en otra recibida al parecer por la Cancillería, se le re­cuerda a las autoridades dominicanas la necesidad de que las elecciones ten­gan lugar en un ambiente de respeto a la distancia fí­sica y a las medidas para enfrentar la pandemia.

La advertencia de las autoridades de NY, que ha sufrido más que ningún estado de la Unión el em­bate del COVI-19, sería si­do suficiente para que la JCE suspendiera las elec­ciones en esa ciudad, pa­ra lo cual necesitarán más de 20 mil voluntarios y un presupuesto enorme.

La Cancillería de Espa­ña le ha dicho a su contra­parte dominicana que “no podía confirmar en estos momentos la viabilidad de llevar a cabo el voto pre­sencial en su territorio”, al tiempo de recordarle que las votaciones podían ha­cerse por correo que fun­ciona normal.

El canciller dominica­no, Miguel Vargas Maldo­nado afirma que Canadá ha expresado de mane­ra escrita su disposición de no permitir un proceso electoral presencial. Ese país está siendo víctima de la pandemia y como otros prefiere que las votaciones sean por correo.

Sin los servicios aéreos regulares entre los países, la JCE tendría que gastar un monto increíble de di­nero que no saldrán de otro lado que de los fon­dos de los contribuyentes, no así de los recursos asig­nados a los partidos men­sualmente y de lo cual no dan informes.

Paliza se queja

El presidente del Partido Revolucionario Moderno, PRM, José Ignacio Pali­za politiza el tema al de­nunciar que el Partido de la Liberación Dominicana, PLD, no quiere que hayan elecciones en el exterior, donde en total se cuentan más de medio millón de electores.

La impresión que se aprecia al oír las opinio­nes de los opositores a la candidatura de Gonzalo Castillo que es respaldada por el presidente Medina, es que las votaciones en el extranjero serían la ta­bla de salvación de la can­didatura de Luis Abinader, del PRM.

Eso no parece coinci­dir con la versión de va­rias encuestas en el senti­do de que el empresario se encuentra puntero en las preferencias electorales. Abinader, contrario a otros opositores, no se opone a que las votaciones tengan lugar por correo.

La casuística no ayu­da tanto a los que se afe­rran al voto en el exterior. La abstención electoral fue de 51.30% en los comicios de 2016. Es obvio que sea incógnita si la pandemia del COVID-19, que habría matado a más de 1000 do­minicanos en Nueva York, podría alentar un desgano y una mayor abstención que lo usual.

La JCE ha tratado de “curarse en salud”, cono­ciendo la difícil situación de su eventual proclama, al decir que el organismo “tiene la voluntad firme de cumplir con lo que man­da la ley”, pero “no pode­mos olvidar la situación del mundo, la situación de la pandemia”, citas del presi­dente Julio César Castaños Guzmán.

En los Estados Unidos el presidente Trump ha amena­zado con retener los fondos federales a los estados de Mi­chigan y Nevada por la obsti­nación de sus gobernadores en respaldar el voto por el sis­tema postal, como forma de evitar aglomeraciones de vo­tantes debido a la pandemia y a lluvias catastróficas la se­mana pasada.

Los ciudadanos de los dos estados irán a las elec­ciones primarias el próximo 4 de agosto y a las presiden­ciales el 3 de noviembre. En ambas aparecerá el nombre de Trump, que es hasta el momento el único candida­to que postularía el Partido Republicano. Allá, contra­rio a RD, se cree que el voto preferencial favorece al que gobierna.

Hasta la Iglesia ataca

La Iglesia o por lo menos el obispo auxiliar de la Arqui­diócesis de Santo Domin­go, monseñor Jesús Castro Marte le reclama a la JCE “que debe de emplear to­dos los medios para garan­tizar el voto en el exterior”. La Iglesia también ha pre­sionado en lo que podría entenderse como un invo­lucramiento en asuntos po­líticos.

Cualquier elector domi­nicano vería como razona­ble tal interferencia si fue­ra “comprensivo” con la noción de la separación de Iglesia y Estado y con la rea­lidad de que si bien la insti­tución espiritual se involu­cra en la política en favor de la democracia, no la practi­ca puesto que El Vaticano es una autocracia absoluta.

Cuando se aprobó el te­ma del voto de los domini­canos en el exterior, los le­gisladores no tomaron en cuenta, no ya la pandemia extraordinaria por la que pasa el mundo, sino si eso podría interesar a los paí­ses donde viven los domini­canos. Desanidar esos paí­ses cada cuatro años es una muestra de mala voluntad.

Estados Unidos condi­ciona que si se celebran las elecciones presenciales en su territorio sea observan­do las normas de seguridad y las derivadas de la pande­mia, porque conoce tam­bién cuán amigos de la ga­rata son los dominicanos, que se enfrentan en Nueva York como en Madrid en ri­farrafes cuando las visitan los políticos.

Los legisladores no to­maron en cuenta la posibi­lidad de que en el futuro y debido a la inmensa pobla­ción de haitianos residentes en la República Dominica­na, se pidiera que así como los dominicanos pueden votar en el exterior, los hai­tianos tengan el mismo de­recho aquí que en sus país.

Ni los políticos ni el pa­dre Castro se han detenido a pensar cuánto le costa­rá a la JCE las elecciones presenciales y a los Esta­dos Unidos que tienen que dar protección a numero­sas mesas electorales que son manejadas por perso­nal de la Junta no acredi­tados porque, otra irregu­laridad, es que las juntas en el exterior funcionen aparte de las misiones di­plomáticas.