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Intereses en conflicto: la reapertura capitalista y la clase obrera en Estados Unidos

Los 50 estados del país ahora se han reabierto total o parcialmente. Los más afectados por la reapertura son los trabajadores y comunidades más vulnerables.

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Estados Unidos ha relajado las restricciones al movimiento y actividad económica y la mayoría de los estados están comenzando a volver a la "normalidad". Sin embargo, esta supuesta normalidad está marcada por infecciones y muertes masivas por coronaviruss. En los últimos días, el número de muertes superó los 90,000 y el número de infecciones ahora supera los 1,5 millones.

El gobierno ha estado negando el estado grave de la pandemia en los EE. UU., que representa el 29% del total de muertes por coronavirus en todo el mundo. Trump dijo que Estados Unidos tiene el récord mundial en el número de pruebas administradas, como si esto fuera suficiente para evitar la propagación del virus, que el país podría tener una vacuna contra Covid-19 a fines de este año (lo que aún no está claro) e incluso que el virus puede prevenirse tomando hidroxicloroquina, una afirmación sin evidencia médica. Mientras las dos primeras afirmaciones son falsas y arrogantes, la última no tiene absolutamente soporte cientìfico.

La decisión de reabrir grandes sectores de la economía, con la excepción de los centros urbanos más afectados, no es simplemente un error, es un intento calculado de privilegiar las ganancias capitalistas por encima de los trabajadores y sectores oprimidos quienes sufren más las consecuencias de la pandemia.

Ninguno de los problemas estructurales que agravaron la crisis se ha resuelto: la atención médica sigue siendo un producto básico que se compra y se vende, con millones de excluidos por los costos de la atención básica; los trabajadores siguen siendo precarios y en riesgo; y sigue habiendo una marcada desigualdad social y racial. Sin embargo, Trump, los gobernadores y las corporaciones capitalistas han utilizado el aumento del desempleo y la pobreza como presiones para reabrir la economía contra toda advertencias.

Mientras que las grandes cadenas de supermercados, minoristas en línea como Amazon, compañías farmacéuticas, laboratorios, plataformas virtuales, y otras corporaciones han visto ganancias sin precedentes, más de 20 millones de empleos se perdieron tan sólo en abril. Muchos de los trabajos de los que Trump se jactó como parte de su campaña electoral se perdieron como resultado del cierre de más de 120,000 pequeñas empresas. Los trabajos precarios de servicios restantes se han convertido en vectores para la propagación de la enfermedad debido en gran parte a la negligencia de los empleadores para brindan protección adecuada a sus trabajadores.

Sin embargo, los rescates ya aprobados por el Congreso fueron principalmente para grandes corporaciones, mercados y bancos. El cheque de estímulo de 1,200 dólares, además de ser insuficiente, ni siquiera está disponible para todos los trabajadores: de hecho, más de 20 millones de trabajadores aún no han recibido un cheque de estímulo.

Además, muchos millones más no califican porque son inmigrantes indocumentados. El seguro de desempleo tampoco está siendo pagado a todo aquél que lo solicite.

La decisión de reabrir la economía ha provocado una reacción negativa de los expertos en salud de la Casa Blanca, comenzando por el epidemiólogo Anthony Fauci. Éste testificó ante el Senado en contra de los lineamientos de Trump, argumentando que una reapertura de la economía en las condiciones propuestas es prematura. Asesores de salud como Fauci dicen que es probable que veamos un resurgimiento del virus en los próximos meses, y ya hay señales de advertencia de nuevos brotes en estados que reabrieron la economía hace semanas, como Georgia y Florida.

Sin embargo, el gabinete ha cerrado filas y Trump ha estado despidiendo a varios funcionarios de salud que han denunciado que las políticas del gobierno son defectuosas. Este fue el caso de la inspectora general de Salud y Servicios Humanos, Christi Grimm, quien informó de la falta de suministros médicos y demoras en las pruebas hospitalarias; fue despedida en abril.

La misma suerte corrió con Rick Bright, anterior director de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Avanzado Biomédico (BARDA, por sus siglas en inglés), uno de los funcionarios de salud más experimentados del gobierno, quien dijo que había sido despedido después de que varias advertencias sobre la pandemia fueron ignoradas por el gobierno y de que Trump lo ridiculizó por cuestionar la recomendación presidencial de tomar hidroxicloroquina.

Esta política (para privilegiar la reapertura e ignorar el consejo de expertos en salud) dificulta el acceso a información precisa y científica sobre el coronavirus. Esto y culpar a la responsabilidad final de la crisis de salud en el gobierno de China se utilizan para obligar a las personas a volver al trabajo sin garantía alguna de seguridad.

Además, el desfinanciamiento de importantes investigaciones que se llevan a cabo con cooperación internacional, como la del Instituto EcoHealth en Nueva York y de las nuevas amenazas de un desfinanciamiento total de la OMS, la reapertura conduce a una situación incierta donde los únicos intereses privilegiados son aquellos de los capitalistas. Trump claramente está usando sus poderes presidenciales para protegerse políticamente de la crisis y mantenerse a flote en el contexto de una pandemia sin precedentes y una depresión económica que está golpeando al país y al mundo.

Esto no muestra la fortaleza sino la debilidad del presidente Trump, cuyo apoyo de las masas y del régimen partidista declina todos los días. Trump ha justificado la decisión de reabrir alegando que salvará empleos y la economía. Sin embargo, está claro que esta decisión no se tomó para aliviar la pobreza y el desempleo en los cuales han caído millones de personas en los últimos meses, sino para proteger y alentar la sed de ganancias capitalistas a expensas de la vida de los trabajadores.

La reapertura económica no va acompañada de transformaciones estructurales que permitan redirigir los esfuerzos hacia la producción de medicamentos, suministros médicos, investigación o hacia una solución a la falta de alimentos, vivienda y trabajo para la gran mayoría.

Por el contrario, los programas de cupones de alimentos se han reducido, la falta de EPP en hospitales y servicios esenciales sigue siendo un problema constante, y el virus se está extendiendo exponencialmente entre las poblaciones más vulnerables, las cuales son las primeras en ser empujadas a trabajar en condiciones inseguras, hacinamiento en lugares de trabajo y transporte público.

A pesar de las recomendaciones de salud, la escasez de EPP se sigue reportando en muchos hospitales y lugares de trabajo. Es difícil creer que las compañías capitalistas que no garantizaban lugares de trabajo seguros antes del brote de coronavirus ahora los vayan a garantizar,

Un estudio publicado en la revista PLOS One estima que el 18% de los trabajadores de EE. UU. estuvieron expuestos al virus por lo menos una vez al mes en sus lugares de trabajo y el 10% al menos una vez por semana. En los puesto de primera linea de combate, el promedio es abrumador: 90 % de los trabajadores de la salud estuvieron expuestos al virus mientras trabajaban más de una vez por semana; en estos puestos la mayoría de los trabajos son atendidos por mujeres, quienes también tienden a hacer tareas de atención en casa.

Lo peor de todo, quizás, aquellos trabajadores que actualmente están desempleados perderán ahora sus prestaciones a menos que se reporten inmediatamente de regreso al trabajo, con frecuencia en condiciones inseguras.

Forzar a los obreros a elegir entre su bienestar económico y su salud es desleal e injusto. Aunque varios sindicatos se han opuesto a la reapertura de la economía bajo estas condiciones y han propuesto protocolos de seguridad fara las empresas, no hay un plan coordinado para proteger a la clase obrera de los peligros del retorno a la actividad impuesto por Trump y los gobernadores. La decisión de que la gente tenga que retornar a sus actividades do debería llevarse a cabo sin un plan de acción desde los sindicatos; sin embargo, no hay plan.

Como ha sido el caso desde el comienzo de la pandemia, los trabajadores continúan luchando por su salud y seguridad mientras son enviados a la primera línea. El ejército de desempleados que se formó desde el comienzo de la crisis y muchas comunidades afectadas también necesitarán coordinarse con los trabajadores de la industria y los servicios para que esta reapertura no se convierta en una masacre de la clase trabajadora. El desafío de construir la solidaridad popular y de clase bajo estas nuevas condiciones por una salida de la clase obrera de la pandemia no puede posponerse.

Este artículo se publicó en la página de Left Voice, edición estadounidense de la red internacional La Izquierda Diario del cual ofrecemos su traducción al español.

Traducido por Raúl Dosta para La Izquierda Diario México.