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En el centro comercial de Bahía Sur, en Cádiz, se han habilitado carriles para guiar al cliente. / La Información
En el mayor recinto de Cádiz

Ronda en la vuelta del centro comercial: la seguridad vence a las ganas de comprar

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La vigilancia se ha triplicado, la limpieza se ha doblado y las indicaciones y prevenciones marcan cada paso entre tiendas de modas y restaurantes.

Parecen detectores de humo o balizas de emergencia. Pero no: los dispositivos que cuelgan de los soportales, por todo el perímetro del centro comercial, fueron instalados hace unos pocos días y sirven para controlar al detalle el aforo de clientes que entran y salen de sus dominios. A las 4.800 personas en el interior (incluyendo ya los trabajadores), saltará la alarma y se cerrarán los accesos exteriores de los aparcamientos antes de rebasar el límite de 5.100 personas permitidas. Los aparatos vigilan desde lo alto las casi seis hectáreas de Bahía Sur, el recinto comercial más grande de la provincia de Cádiz (el conjunto Luz Shopping, en Jerez, es mayor si se suman todos sus recintos separados) que hoy, lunes 25 de mayo, ha vuelto a abrir después de dos meses y diez días cerrado.

La fase 2 de la desescalada amanece en la provincia gaditana con un abanico de posibilidades que van desde bañarse en la playa (pero no en todas, ya que en la capital no se puede) a celebrar una boda íntima si era el sueño de tu vida. Para muchos otros, la mejor opción siempre ha sido irse de compras. A las diez estaba prevista la apertura de Bahía Sur, un centro comercial al que acuden de la capital, de las poblaciones turísticas de la costa, del resto de la Bahía... Cerca de 700.000 clientes potenciales, según indica la socimi que es la principal propietaria de su parte de ocio, Castellana (también hay un hotel o el estadio del equipo local de fútbol, en la Segunda B).  

Sea como sea, un foco de empleo en la zona desde hace décadas. Más de 1.100 personas empleadas cuando el centro está a plena capacidad, si bien ahora se mueve cerca de las 800 tras la marcha hace unos meses de El Corte Inglés y de H&M y a la espera de que se instalen nuevas franquicias que se unan a la confirmada (y ya en obras) de Yelmo Cines. Alrededor de un centenar de locales que van desde un hipermercado de Carrefour a Zara, Mango, Disney Store, Bershka, McDonald's, Burger King, 100 Montaditos... 

Por delante de todos ellos (unos abiertos, otros cerrados todavía) pasa Ernesto Prado, gerente del centro al poco de abrir las puertas. No podemos pararnos. Hay que caminar todo el tiempo. Órdenes del Gobierno. Al centro se viene a comprar, no a pasear. Durante los últimos días se han intensificado todas las prevenciones y se han asegurado de que llegan a la apertura con los deberes de la protección al cliente hechos. Señalizaciones, carteles continuos, pasillos divididos en dos con flechas señalizadoras (y guardias privados que amonestan a quien se sale del carril)... "Todos tenemos que aprender y educarnos. Son otros tiempos y lo primero es la seguridad", explica sin perder ojo de cada detalle. 

Cada pocos metros cruza miradas con un guardia de seguridad. Para este regreso a menos de la mitad de potencial, se ha triplicado su número habitual. La limpieza casi se ha doblado. Las prioridades de unos y otros, en cualquier caso, se han multiplicado. Según las directrices del Ministerio de Sanidad, los centros comerciales pueden acoger hasta un 30% de su aforo en las zonas comunes y un 40% de sus comercios. De esa mezcla sale la cifra de las 5.100 personas sobre las 11.200 totales que el centro comercial puede recibir. 

Bastante antes de llegar a ese límite, cuando los dispositivos detecten que se han superado las 4.800 personas en el interior de las instalaciones, el gerente recibirá un aviso y de inmediato se cerrarán los dos accesos a los aparcamientos, de modo que el control se efectuará lejos de los propios locales. "Es lo mejor para evitar los problemas y después de hablarlo con la Policía", apunta Pardo quien para los cálculos de aforo ha pecado de prudente, basándose en las cifras de hace un año. En concreto, de las de un sábado por la tarde, que es cuando más afluencia había en el centro: alrededor de 5.500 personas (para un total de 35.000 en toda la jornada) en torno a las seis de la tarde. 

Aun así, el gerente de Bahía Sur no espera que en los primeros días haya problemas de exceso de público. Como tantos negocios que van abriendo durante la desescalada en Cádiz, sabe que la mezcla de sensaciones que vive la ciudadanía no parece que empujen a las compras: miedo, respeto, incertidumbre personal y laboral... En el centro comercial, de hecho, son más que conscientes de esto último. El ejemplo es que en la mañana del lunes alrededor de un 20% de los locales permanecen cerrados y muchos de ellos se debe a que, simplemente, no ha dado tiempo a sacar a sus trabajadores del ERTE.

"A mí me avisaron con algo de antelación, que estuviera preparada, pero la verdad es que el viernes todavía no sabíamos si volvíamos a trabajar hoy", explica la responsable de la tienda Tiger en el centro. Ha vuelto parte de la plantilla (fueron todos a ERTE a mediados de marzo y hay quien no ha cobrado aún) y eso es porque dieron por hecho de que Cádiz pasaría a la Fase 2 antes de que Sanidad lo confirmase el viernes por la tarde. Otros no se han arriesgado y abrirán a mitad de semana. 

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Imagen de un Tiger en un centro comercial al inicio de la Fase 2 de la desescalada. / La Información

Porque lo seguro es que abrirán. Al gerente no le consta que ningún local vaya a cerrar tras los dos meses de parón (más allá de los pocos que ya lo tenían previsto antes de marzo). Tampoco sabe qué pasará con el alquiler de mayo, después de que Castellana, la propietaria del recinto, decidiera condonar la cuota de abril a todos sus inquilinos en España.

La principal duda, como sucede no solo entre los grandes comerciales sino en los pequeños o en el bar de la esquina, es el negocio que la pandemia va a dejar en la época de 'nueva normalidad'. Todos saben que se han perdido dos meses importantes (con la Semana Santa y las comuniones como motores de ventas posibles para abril y mayo) y que costará arrancar en las primeras semanas. La gran pregunta, sin embargo, es el alcance en tiempo y profundidad de la crisis posterior.

"La verdad es que hoy me ha sorprendido y hemos tenido más movimiento de lo esperado para un lunes", comenta la trabajadora del comercio y su compañera asiente desde detrás de un mostrador sobrecargado de geles y carteles admonitorios. A falta de una tecnología más pulida (en Zara controlan el aforo con una empleada pertrechada de una tablet en la puerta), en este comercio han optado por algo más simple. Como sus cálculos es que caben 33 personas en su interior en función de la superficie, han dispuesto 33 cestas a la entrada y se obliga a cada cliente a tomar una. Al acabarse las cestas, se cierra el acceso.

A mediodía, Bahía Sur todavía está despertando del letargo. Sopla Levante fuerte y eso alejará a muchos de la playa. Apenas se ven colas a la entrada del Zara (cómo no), de la tienda de videojuegos Game o de la deportiva Sprinter. En el resto, apenas se vislumbra a los empleados recolocando el género y los escaparates. Poco a poco, insiste Pardo antes de terminar en la otra punta del centro comercial, en la zona de restauración donde a primera hora solo ha abierto una cafetería (se espera a otras dos para la comida). Allí, se sorprende de que las mesas no estén a dos metros entre sí. Hay tres metros por lo menos. Una vez más, la seguridad supera a cualquier otra consideración. También en un centro comercial.