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¿El gobierno se dirige a la parálisis?

¿El gobierno se dirige a la parálisis?

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Este fin de semana, el presidente de la República reconoció que la etapa crítica de la epidemia continúa, y mostró su confianza de que el país está superándola de manera eficaz y rápida. Sin embargo, el Subsecretario de Salud afirmó el mismo día que debemos esperar una epidemia de larga duración, cuyos efectos y consecuencias pueden sumarse al inicio de la llamada “temporada de influenza”, que dará inicio en el mes de octubre.

Esta situación, además de la advertencia de que probablemente entremos a una dinámica de aperturas y cierres intermitentes de la economía y, en general, de la vida social, obliga a pensar que el “retorno a una nueva normalidad” consiste en un permanente estado de incertidumbre.

En este contexto, a pesar de que en el discurso presidencial se ha afirmado reiteradamente que el país cuenta con recursos suficientes para enfrentar este reto, -se ha mencionado incluso la cifra de más de 400 mil millones de pesos, producto del combate a la corrupción-, el anuncio del nuevo recorte generalizado de 75% a las áreas de servicios generales y adquisición de bienes y suministros en todas las dependencias y organismos de la administración pública federal, pone en entredicho la suficiencia de tales recursos.

Esta determinación muestra el grado de fragilidad de las finanzas públicas, y lleva a cuestionar hasta dónde el país está realmente preparado para enfrentar, no sólo la emergencia que se vive, sino para reactivar la economía y avanzar hacia la meta de erradicar la pobreza y la desigualdad, ambas, objetivos prioritarios del presidente López Obrador.

Por eso es importante alertar que esta nueva restricción presupuestal llevará a varias dependencias a una parálisis, y en ese sentido, es necesario insistir en que el hecho de que, si bien esta medida no aplica en los sectores de la Salud y la Seguridad Pública, eso no implica que el resto del gobierno pueda ser considerado como prescindible o poco relevante.

¿Cómo operar todo lo que se debe hacer y potenciar urgentemente: protección de la niñez, violencia intrafamiliar, cuidado de la biodiversidad, mitigación del cambio climático, protección civil, desarrollo agrícola, cuidado y distribución del agua, mejoramiento y construcción de vivienda, entre otros ámbitos, en medio de este recorte, que se suma a otros previos y a otras determinaciones de “austeridad administrativa”-, y que golpean a una estructura institucional que ya arrastraba un proceso de deterioro brutal de sus capacidades, infraestructura y posibilidades funcionales?

En el terreno del discurso político se hace cada vez más necesario que el presidente abandone la lógica de la confrontación, y asumir que está perfectamente a tiempo de liderar una reflexión nacional para construir una reforma fiscal y hacendaria que consolide su proyecto de país, con el objetivo central de reducir el mayor número posible de personas en condiciones de pobreza.

En esa tesitura, hay que recordar que el principal instrumento de política económica para dinamizar y reactivar a la economía es el Presupuesto de Egresos de la Federación; y no es gastando menos, sino gastando más, con mayor eficacia, honestidad y responsabilidad, como nuestro país podrá encaminarse hacia una nueva dinámica de crecimiento y redistribución de la riqueza, vía un presupuesto equilibrado y con auténtico sentido social.

Aliviar la anemia fiscal del Estado debe ser una de las prioridades hacendarias para este 2020 en el que la economía habrá de caer en niveles nunca vistos en la segunda mitad del siglo XX, pero también deberá guiar la discusión en torno al PEF 2021. Reactivar el empleo, elevar el ingreso y el poder adquisitivo de las familias, pero sobre todo, lograr la construcción de un sistema de seguridad y protección social de cobertura universal, deben ser las metas primordiales del Estado.

Todo lo anterior exige un gobierno activo; operativamente funcional y orgánicamente articulado, a fin de convertirlo en el motor que dinamice a todos los sectores económicos y sociales, y los lidere hacia una nueva fase de crecimiento con equidad. 

Es momento de fortalecer al gobierno y sus capacidades; mutilarlas y condenarse a sí mismo a la parálisis, sólo llevará al país a mayores niveles de pobreza, marginación y exclusión.