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Lo que viene (capítulo 1)

Lo que viene (capítulo 1)

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Para que podamos entender los cambios económicos que vendrán una vez que la pandemia haya sido controlada, es importante reflexionar de dónde venimos. En 2016 escribí un ensayo en Letras Libres titulado “Adaptar los tratados comerciales a la realidad y no la realidad a los tratados comerciales. Desmontando a Trump”, a propósito de los que aseguraban que sería inviable y perjudicial para los Estados Unidos (EU) salirse o renegociar los tratados de libre comercio. 

En ese momento indiqué, “La economía, como el resto de las ciencias sociales, ha tenido que adaptarse a las condiciones políticas, económicas y culturales de su tiempo… Los contextos han cambiado. Hace veinticinco años, cuando se negoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), habría sido una locura sugerir que las tasas de interés de los países desarrollados estarían en cero, que en Japón y Suiza serían negativas”. 

¿Qué fue lo que sucedió? Trump renegoció diversos tratados, no continuó con el TPP, comenzó una guerra comercial con China, alteró y disminuyó el comercio internacional y con todo eso Estados Unidos creció, el salario medio real aumentó y el desempleo disminuyó a niveles históricos. La mayoría de los estadounidenses (aún los que desaprueban en general a Trump) aprobaba su conducción económica. Las predicciones de los expertos fallaron. 

Pues bien, ahora una vez más, los contextos están cambiando, más profunda y rápidamente. Si alguien hubiera sugerido a inicios de enero 2020 que cuatro meses después el petróleo llegaría a precios negativos o que el desempleo en los Estados Unidos sería de alrededor de 25% (casi 39 millones de desempleados) le habrían dicho que se le pasaron las copas en año nuevo. Sin embargo, esta es la nueva realidad. Vendrán cambios importantes en varios terrenos. Me concentraré en el cambio de la percepción y la velocidad de la globalización, en la migración y en el consumo principalmente en los Estados Unidos. Por supuesto estos posibles cambios repercutirán invariablemente en la economía mexicana.

La globalización puede ser destructiva o constructiva. En los últimos años, un número creciente de gobiernos y personas en todo el mundo han llegado a verla como un riesgo neto. Cuando se trata del cambio climático, las pandemias, el terrorismo, todos exacerbados por la globalización, es fácil ver por qué.

No hay duda de que la globalización ha sido buena para muchos países en desarrollo (entre los que se encuentra México) que ahora tienen acceso a mercados de los países desarrollados y pueden exportar productos y dar más empleo a sus ciudadanos. También ha sido muy buena para las corporaciones multinacionales, sus accionistas y Wall Street. Pero no ha sido tan buena para los trabajadores y ha llevado a la continua desindustrialización en los Estados Unidos. Según estimaciones conservadoras de Robert Scott, del Instituto de Política Económica, otorgar a China el estado de nación más favorecida en la OMC disminuyó 2.4 millones de empleos en manufactura en EU. Tampoco ha sido buena para el medio ambiente, la desigualdad económica y el erario de muchos países desarrollados (principalmente en EU) ya que muchas empresas transnacionales han ubicado sus sedes en paraísos fiscales. En lo que viene no es de extrañarnos que sistemáticamente nos alejemos de la globalización y de una lógica de mercados como la conocemos. No se trata de prepararnos para este cambio sino prepararnos para estar cambiando permanentemente.