Su discurso en los Premios Laureus impulsó el movimiento de solidaridad

20 años del mensaje de Nelson Mandela que cambió el deporte

by
https://e00-marca.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2020/05/24/15903376685354.jpg
Nelson Mandela, en el escenario del Sporting Club Monte Carlo en 2000Laureus

El deporte, fuente de inspiración incluso para las artes, ha arrojado un buen glosario de discursos que los oradores rescatan con frecuencia en citas en los grandes foros mundiales. Entre todos ellos, por la carga emocional, por su precisión y por quién lo pronunció se eleva el escuchado en el Sporting Club Monte Carlo de Mónaco el 25 de mayo de 2000 de boca de Nelson Mandela, seguramente el personaje más importante de la historia reciente.

Interrumpido por los aplausos fue un alegato de 178 segundos, escoltado en un escenario por los 24 primeros miembros de la Academia Laureus, organización que dos años antes había creado el magnate sudafricano Johann Rupert con el fin de convertirla en una plataforma para tender puentes en la sociedad y servir de herramienta para cambiar la visión que se tenía del planeta.

"El deporte puede cambiar el mundo", dijo. Nadie mejor podía enviar ese mensaje. Su supervivencia al cautiverio en Robben Island durante 27 años era un símbolo mundial y la manera en la que había manejado la Copa del Mundo de rugby de 1995 para convencer a su país de la necesidad de una integración racial lo había situado también al frente del deporte. Su oratoria era exquisita. Su aura, envolvente. Con esa mirada profunda, casi en trance, el gran líder tenía en la palabra un arma de construcción masiva.

https://e00-marca.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2020/05/24/15903380718771.jpg

"Su papel fue clave para la creación de la Fundación Laureus", recuerda Edwin Moses, el presidente de la Academia Laureus en su fundación. "Tristemente, Mandela no se encuentra ya entre nosotros, pero aquel mensaje fue icónico y Laureus ha perpetuado su memoria y se ha conseguido que a través del deporte se construya un mundo mejor como él quería".

Dos centenares de palabras fueron suficientes para que el deporte se concienciase. Aquellos que le flanqueaban eran referentes indiscutibles: Becker, Tomba, Agostini, El Moutawakel, mitos en sus países, héroes en cualquier rincón del planeta. El deporte sí se había utilizado para fines benéficos, pero de una manera un tanto aislada. El cuadro se había pintado a brochazos, sin ninguna armonía. Se habían convocado partidos de fútbol contra la droga, por la paz, pero no existía esa concienciación de que el deporte era la verdadera llave de la solidaridad y el "lenguaje que entienden los jóvenes", como subrayó el líder sudafricano en aquella primera gala de los Premios Laureus.

https://e00-marca.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2020/05/24/15903381374695.jpg

"Aquel mensaje aún resuena en mi cabeza", apunta Nawal El Moutawakel, la primera mujer musulmana que ganó un oro olímpico, en los 400 vallas de los Juegos de Los Ángeles 84. "Allí estábamos todos -Daley Thompson, Nadia Comaneci, Moses...- para decirles a los jóvenes que el deporte es algo bueno. Que te puede cambiar la vida para siempre como me pasó a mí o a otros muchos".

El primer programa

La reacción fue fulgurante. La letra entró en los oidos de todas esas estrellas que se ofrecieron a colaborar de forma activa. En seis meses, se puso en marcha el primer programa de ayuda en Mathare, uno de los arrabales de Nairobi, la capital de Kenia, construido sobre un vertedero y presa de las bandas. El SIDA había causado estragos en ese rincón de apenas ocho kilómetros cuadrados, en el que viven hacinados unas 600.000 personas y donde no quedaba un atisbo de esperanza.

"Lo recuerdo como si fuera ayer. Había basura por todas partes, lleno de aguas residuales. La gente vivía en minúsculas chabolas. Para alguien que viene del mundo occidental fue realmente chocante porque pensaba que lo había visto todo en la vida", recuerda Moses. "Ver tal pobreza dio un nuevo sentido a mi vida". El atleta presidió la Academia hasta 2016, momento en el que cedió el testigo al Allblack Sean Fitzpatrick.

https://e00-marca.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2020/05/24/15903383584422.jpg

La creación de una asociación de jóvenes deportistas fue el germen para que 14.000 niños y adolescentes se involucrasen en varias ligas locales y limpiasen el barrio. Mathare, hoy en día, no es Beverly Hills. Sigue siendo un suburbio de casas de madera y chapa. Pero también un lugar con varias sonrisas más que dos décadas atrás. Uno de sus equipos de fútbol viaja cada año a disputar una competición en Noruega.

Laureus, reforzado desde su alianza con Naciones Unidas, hoy auspicia más de 200 programas en 40 paises, que han mejorado la vida a más de seis millones de niños. Arriba, Madiba, como le conocían sus compatriotas, mira con orgullo su legado.

https://e00-marca.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2020/05/24/15903384363526.jpg

"Estoy segura de que Mandela se sentirá muy satisfecho de lo que se ha conseguido. Estará feliz que 20 años después Laureus ha llegado donde ha llegado. Él habló del poder del deporte, de su beneficio físico y mental y de valores como la amistad, la solidaridad... Jamás olvidaré ese día", dice El Moutawakel. *l