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Isabel Fidalgo y su hija Marta

La odisea de regresar a casa

«Le di besos con mascarilla», recuerda la madre de una niña de trece años al regresar a casa tras estudiar un curso en Irlanda

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Tomar la decisión de si su hija debía regresar a casa o quedarse en Irlanda donde, a mediados de marzo, apenas había noticias de la pandemia del coronavirus, fue una de las más duras que ha tomado en su vida Isabel Fidalgo. «En Irlanda no había casos y si volvía a España, además de estar más expuesta al virus, no sabíamos cuándo iba a regresar al colegio ni si le convalidarían el año. Intenté no pensar como madre, porque me la hubiese traído inmediatamente», explica esta madre mugardesa afincada en Madrid. Su hija Marta de trece años se fue a estudiar este curso a Trim, un pueblo ubicado a menos de una hora de Dublín, sin imaginar que le pillaría a más de dos mil kilómetros de su casa la pandemia del coronavirus.

En abril le recomendaron que se quedase en Trim

Isabel explica que consultó con su hija, la familia de acogida y Exteriores la situación de Marta al conocer que la embajada ofrecía un avión para niños el día 8 de abril, en máxima alerta en España. «Me recomendaron que se quedase», señala. Defiende que fue un avión forzado por las agencias de estancia en el extranjero para evitar que los menores siguiesen en sus casas de acogida. Pero nunca pensó que sería el último vuelo ofrecido por el organismo estatal. Pero pasó el tiempo, la crisis se extendió mundialmente y el colegio donde Marta continuaba sus clases online decidió que ya no volvería a abrir este curso. «En mayo ya había que planificar el regreso. Hubiese sido el mejor momento para poner el de la embajada, pero ya no ofrecieron más ni ninguna ayuda, y los vuelos comerciales se cancelan todo el tiempo por falta de viajeros», explica Isabel. Así comenzó la pesadilla de esta familia para tratar de que su hija regresase con seguridad a Madrid. «Me proponían que buscásemos un vuelo vía París o Londres, pero no quería que mi hija de trece años se pudiese quedar tirada en el aeropuerto si cancelaban después el de España».

Iniciativa de un berciano

Gracias a los padres de otros niños españoles que estudiaban en el mismo colegio de Marta —ella no consiguió el hospedaje con una agencia, sino que ya conocía a la familia—, contactó en Facebook con un grupo de ayuda montado por un berciano, Darío Gómez. Él se encontraba en Dublín trabajando como camarero e impulsó la contratación de un vuelo privado para ayudar a los estudiantes que se encontraban atrapados en la isla. Darío se puso en contacto con varias empresas de viajes y vuelos chárter y logró poner en marcha un vuelo directo con Empty Leg. «Dio prioridad a los menores», agradece la madre. Y en menos de veinticuatro horas desde que se promocionó el vuelo se agotaron las plazas. Fueron los propios viajeros los que costearon, 280 euros, más el precio de la maleta. «Se portó chapeau. Les acompañaron en todo momento y para pasar los controles en el aeropuerto», agradece.

Queja al Defensor del Pueblo

Recuerda el momento de ver a su hija como «indescriptible». «Fue emocionante, un abrazo súper intenso, largo y dándole besos con la mascarilla, que sabían a gloria», recuerda Isabel. Ahora, indica, su hija pasa la cuarentena obligatoria con miedo de haber cogido el virus en el viaje, pero feliz de estar en casa. Isabel ha interpuesto una queja al Defensor del Pueblo por lo ocurrido y alerta que aún quedan menores en la isla.