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La odisea de 200 militares y ocho cazas atrapados en Las Vegas en pleno Covid / EA
Han superado los test del virus

La odisea de 200 militares y ocho cazas atrapados en Las Vegas en pleno Covid

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Cruzaron el Atlántico y todo Estados Unidos para un ejercicio de la OTAN. La pandemia les sorprendió en Nevada. Volver a España ha sido una aventura.

Al noreste de Las Vegas se encuentra situada la Base de Nellis. En este árido paisaje, a medio camino entre el desierto de Nevada y los casinos de la ciudad, se realizan cada año las maniobras aéreas más conocidas de la OTAN, las Red Flag. Millones de euros invertidos en unos ejercicios a los que España estaba invitada este año. Hasta allí se desplazaron a principios de febrero un grupo de más de 200 militares del Ejército del Aire. Ocho de ellos lo hicieron a borde de otros tantos Eurofighter, el caza más potente (dos del Ala 14 con base en Albacete y otras dos del Ala 11 de Morón), para unirse a americanos o italianos. Pero cuando estaban en Estados Unidos estalló la crisis del Covid. Quedaron atrapados y con pocas noticias de sus familias. Volver a sus casas ha sido para ellos una de las experiencias de su carrera.

Justo el día en que Pedro Sánchez decretó el estado de alarma los 200 militares estaban participando en las Red Flag. Se llamaron "Agrupación Expedicionaria Mangual" y llevaban dos semanas en Las Vegas cuando arrancó el confinamiento en España. De un día para otro, todos encerrados en casa y sin posibilidad de moverse. El sábado 14 de marzo, mientras España empezaban a subir alarmantemente el número de contagios, los cazas españoles sobrevolaban el cielo americano en un entrenamiento para el que llevaban preparándose mucho tiempo. El ejercicio consistía en coordinar un sistema integrado de defensa aérea enemigo con las naciones aliadas. Son de las escasas maniobras, de hecho, en las que se dispara armamento real desde los aviones de combate. España lleva participando en ellas desde 1994.

En el Mando Aéreo de Combate (MACOM) del Ejército del Aire había cierta ilusión por volver a estas maniobras en las que las Fuerzas Armadas españolas llevaban tres años sin participar. "Volvemos al considerado más complejo y exigente ejercicio de guerra aérea de cuantos se organizan a nivel mundial. En él participan las fuerzas aéreas más operativas, bajo la dirección de la fuerza aérea norteamericana (USAF)", destacaba el Ministerio de Defensa el pasado mes de febrero. No se imaginaban lo que iba a ocurrir.

España había puesto todos los medios necesarios para el desplazamiento de ida de estos más de dos centenares de militares y los medios aéreos. Dispuso de los A-400M del Ala 31 y los Airbus A-310 del 45 Grupo de Fuerzas Aéreas, el mismo que desplaza a los miembros de la Casa Real y del Gobierno. Además, echaron mano de los aliados. En concreto, para el cruce del Atlántico España recibió el apoyó de varios aviones cisterna A-330 MRTT de la fuerza aérea británica (RAF). Lo más complejo, para la ida, fue el viaje de los Eurofighter. Hicieron varias maniobras de reabastecimiento en vuelo durante su salto del Atlántico y dos escalas, una en la base aérea de Lajes, en las Islas Azores (Portugal), y otra en la base aérea de la USAF en Dover, en la costa este de Estados Unidos. Desde allí llegaron a Nellis.

El dispositivo se completó con un P-3 Orión del Grupo 22 y un CN-235 de vigilancia marítima VIGMA del Ala 48. A bordo de ellos iba un equipo de rescatadores paracaidistas del Escuadrón de Zapadores Paracaidistas, que en caso de caída al mar de alguno de los aviones se hubieran encargado del rescate del piloto. Máxima seguridad, en definitiva, para el viaje hasta Las Vegas.

Ningún problema a la ida. Para la vuelta estaba previsto un dispositivo similar. Lo que no se imaginaban es que todo iba a ser mucho más complicado y que se iba a retrasar en el tiempo

El primer problema para volver a España fue que los países por los que debían transitar los aviones españoles tenían restricciones aéreas. De esta forma, Estados Unidos, Canadá, Portugal y Reino Unido exigieron a las tripulaciones cumplir las cuarentenas y los certificados de que los militares no estaban infectados. El Ejército del Aire tuvo que hacer "gestiones" para obtener, en primer lugar, la autorización de sobrevuelos, según explica el Ministerio de Defensa en una respuesta parlamentaria a los diputados Alberto Asarta, Agustín Rosetty y Carlos Hugo Fernández-Roca, de Vox . Ello motivo varios días de retraso para poder regresar a territorio nacional.

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Eurofighter español sobrevolando la base naval de Norfolk, al sur de Washington / Ejército del Aire

Fueron días complicado para los militares, que tuvieron que permanecer en suelo estadounidense durante un mes mientras llegaban los certificados y se procedía a la operación de retorno. Todo ello mientras en España empezaba a crecer el número de contagios y de fallecidos y el Ejército, con la UME a la cabeza, tenía que salir a las calles a desinfectar. Ellos, con poca información, la que podían conocer a través de los medios de comunicación. Querían volver a España, pero no podían. Defensa explica que "el personal desplegado en EE.UU. mantuvo contacto 24/7 con el Mando Aéreo de Combate y las autoridades pertinentes en España, manteniéndose informados de la situación y de los protocolos y medidas contra el COVID-19 para su llegada e informando permanentemente de cualquier variación sobre lo planeado".

También se contactó desde el MACOM con las más de 200 familias para tenerles al tanto de su situación y del avance de las conversaciones con los aliados: "Estuvieron perfectamente informadas de las medidas implementadas para evitar la propagación del virus", explica Defensa.

Pero no fue el único inconveniente. Los "problemas de meteorología" en pleno Atlántico implicaron también "algunas demoras sobre lo planeado", explica Defensa, en el viaje de regreso. En concreto, la meteorología afectó a la parte más complicada de cruce del océano, la que afecta a los Eurofighter ya que tienen que repostar en pleno vuelo. Así lo explica el Ministerio de Margarita Robles: "El último salto de los ocho cazas Eurofighter acompañados por dos aviones MRTT (de reabastecimiento en vuelo) de la Fuerza Aérea del Reino Unido que tuvo que retrasarse más de 48 horas debido a las condiciones existentes en el Atlántico Norte". La decisión final: cancelar los repostajes en vuelo y aterrizar a mitad de camino.

La logística de un salto del Océano Atlántico de un escuadrón de cazas es "muy compleja" debido al riesgo que entraña y la cantidad de medios aéreos implicados en la operación, explica el departamento castrense. "El plan de repliegue requiere de coordinaciones con las naciones involucradas en los diferentes tramos" y a eso hay que añadir que los países estaban practicamente paralizados por la pandemia.

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Eurofighter del Ala 11 en las penúltimas maniobras Red Flag / Ejército del Aire

Finalmente, la operación se realizó con éxito a finales de marzo, tras un mes en Estados Unidos. Además de la administración Trump, colaboraron Reino Unido y Portugal. Así lo explica Defensa: "Para poder realizar el salto del Atlántico ha sido necesario obtener el apoyo de aviones cisterna A-330 MRTT de la Fuerza Aérea del Reino Unido, solicitar apoyo a las autoridades de Portugal para aterrizar en su base aérea de Lajes y con los EE.UU para usar diversas bases y obtener los permisos de sobrevuelo necesarios para todos los medios aéreos, incluida la gestión para los A-330 MRTT". "En todo momento se ha encontrado el apoyo y comprensión de las autoridades de dichas naciones", recalca el Gobierno español.

Una vez llegados a España los militares tuvieron que ser sometidos a los procedimientos médicos necesarios para conocer su estado de salud. No fue tan poco fácil, según reconoce el Gobierno. "En España se ha hecho asimismo un gran esfuerzo para obtener las pruebas de diagnóstico del COVID-19 para las tripulaciones de los aviones españoles que han apoyado el repliegue logístico", indica el mismo texto oficial. Toda una experiencia que los militares no olvidarán.