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Coronavirus

Los padres que teletrabajan, desesperados, piden «flexibilidad» a las empresas y los colegios

La mayoría de los padres que teletrabajan «tiran» de pantallas para poder producir laboralmente

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La incertidumbre que gira alrededor de la vuelta a los centros escolares provocará un problema de conciliación en los padres que, en caso de no poder teletrabajar, ya advierten: «Habrá que reducir jornada y perder dinero». Por ello, piden «flexibilidad» y «compresión» a las empresas así como a los colegios y profesores, al tiempo que reclaman ayudas e inversión al Gobierno, indica Ep.

El Ejecutivo ya ha anunciado que descarta reanudar toda docencia presencial este curso escolar y, de cara a septiembre, contempla que se pueda reanudar la actividad lectiva con normalidad, que sea necesario mantener una distancia sanitaria o que un rebrote vuelva a cerrar los centros educativos. Precisamente, las comunidades autónomas mostraron este jueves a la minsitra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, su rechazo a reabrir este curso los centros de educación infantil para menores de 6 años.

«Los padres necesitamos para conciliar trabajo y colegio cierto nivel de certidumbre y seguridad, que a día de hoy escasea. ¿Que pedimos? Primero comprensión porque no es lo mismo vivir esta situación con hijos menores o mayores descendientes dependientes, que con hijos mayores o sin hijos. Así de claro», expone a Ep el presidente de ARHOE-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, José Luis Casero, padre de dos niñas de 10 y 7 años.

Por este motivo, reclama «flexibilidad de horarios, disposición de teletrabajo parcial», entre otras medidas, y pide «comprensión» a los educadores y profesores, porque, como indica, «no toda familia tiene (o debe tener) un ordenador solo para estos temas en domicilio y un escáner para mandar deberes... Pedimos comprensión con los plazos de entrega porque en muchas ocasiones estamos haciendo una tarea de "profesores" pero no lo somos y puede que también estemos trabajando o teletrabajando».

También hace un llamamiento al Gobierno para que invierta «en la ruptura de la brecha tecnológica familiar y en ocasiones educativa», sin olvidar a las fuerzas políticas que, a su juicio, «deberían asumir su responsabilidad en la promoción de horarios saludables», y a las empresas, al proponer la regulación de un banco de horas «para atender, cuando la normalidad llegue, ciertas excepcionalidades que pueden derivar de las líneas que se marquen para los colegios en septiembre».

Precisamente, el papel y tamaño de las empresas será decisivo en esta particular «desescalada» de los padres ya que, aquellos que trabajan en grandes compañías tienen a priori más facilidades que los que trabajan en pymes, como por ejemplo farmacias.

Este es el caso de Laura, madre de dos niños de 5 y 2 años. «La conciliación en el sector de Oficinas de Farmacia no existe: cuando nació mi hija pedí reducción de jornada y me la denegaron. Podría haber denunciado a mi jefa porque la reducción es un derecho pero no lo hice porque no soportaba la presión de seguir trabajando habiéndola denunciado y tener que aguantar malas caras y malos rollos».

«Después nació mi hijo al mismo tiempo que la mayor se incorporaba al colegio y tuve que dejar el trabajo porque mi horario era de tarde y no iba a poder ver a la niña, sólo los sábados por la mañana y los domingos, así que me tuve que ir al paro -relata a Ep-. En aquel momento, buscaba trabajo en farmacia pero solo se ofrecían puestos de tarde y ninguna me ofrecía la posibilidad de flexibilizar horarios para poder conciliar».

Aunque actualmente trabaja en atención al público en otro sector y desde que empezó el Estado de Alarma tanto ella como su pareja pueden teletrabajar advierte: «Ya están diciendo que en breve nos tendremos que incorporar presencialmente los cinco días de la semana... De momento, mi pareja sigue teletrabajo en casa pero en el momento que también tenga que asistir a su puesto ¿qué hacemos?. Alguno de los dos tendrá que reducir jornada y perder dinero porque no quieren continuar con el teletrabajo».

Por eso, cree que «la solución» pasa por acudir presencialmente al puesto de trabajo solo en situaciones necesarias. «Fijar unos días concretos para esos casos y el resto, teletrabajo, al menos hasta que los niños se incorporen nuevamente a los centros escolares. Es cierto que algunos casos están esperando pero la respuesta que estamos dando ahora por teléfono u "online" es más rápida y eficaz que antes, cuando había que pedir cita y había mucha lista de espera», prosigue.

En otra pequeña empresa trabaja Pilar, madre de un niño de cinco años, que reclama al Gobierno «ayudas económicas para buscar a quién cuide de los peques» ya que, como trabajadora en una pyme, para ella «la conciliación familiar nunca ha existido porque pasa por adaptar horario y eso es imposible».

En el polo opuesto se encuentran Beatriz y Gigi, a quienes les está resultando «relativamente fácil conciliar al tener turnos cambiados la mayor parte del tiempo». En cualquier caso, Beatriz, madre de un niño de cinco años, reconoce que «en esta situación inédita en que la casa se ha convertido en escuela, hogar y oficina, se necesita tirar de inventiva para conciliar todas las necesidades».

«La mayoría de los padres con los que hablo tiran de pantallas para poder producir en el trabajo. Dependiendo de la edad y la independencia del niño, se tira de ejercicios "online"para hacer tareas o simplemente dibujos animados. Algunos hacen videoconferencias con abuelos para que ayuden con las tareas, pero en cualquier caso son todo parches porque no hay ninguna solución para mantener a un niño ocupado sin supervisión toda una jornada laboral», alerta.

Por ello, cree que «conciliar tiene que pasar necesariamente por flexibilizar objetivos y la producción en los trabajos en esta situación excepcional, porque lo que se no pueden flexibilizar seguro son las necesidades de los niños».

«Que no pongan deberes por poner»

En la misma línea se expresan Miguel y Ana, padres de dos niños de siete y cuatro años, que dirigen principalmente sus quejas al colegio ante la excesiva carga docente. «Que no pongan tantos deberes. Y sobre todo que no sea en plan poner por poner, como tener que hacer tareas de Educación Física, en plan manualidades como un juego de bolos o un circuito de canicas», lamenta Ana.

Reconoce que su empresa, vinculada al sector educativo, está siendo «bastante flexibles» durante el Estado de Alarma con las jornadas de los que tienen hijos. «La verdad que no me quejo porque me han permitido ajustar el horario a la situación. Normalmente trabajo de 8:30 a 15:00 horas y ahora me estoy conectando a las 07:00 horas para acabar antes y poder estar con los niños. También a ellos les viene bien que lo haga así porque en el tiempo que aún no se han levantado soy más productiva», explica.

Ana reconoce que en una situación como esta se hace muy complicado todo y recuerda que en su día pidió a su empresa facilidades para cuando los hijos se pongan enfermos y algo tipo campamento para los veranos. Asegura que, como ella, lo ha pedido mucha gente y mejora el clima laboral.

«Lo lamentable es que al final todo el peso recae sobre las familias», afirman por su parte Noelia y José Manuel, padres de un niño de cuatro años, que se resisten «a tirar de los abuelos», que son otro grupo de riesgo, cuando tengan que volver presencialmente a sus puestos de trabajo. «Es probable que mi marido vuelva dentro de un mes y yo estoy negociando poder seguir teletrabajando para evitar que el niño se quede con sus abuelos. Pero ¿y si no queda otra opción?. Toman medidas y nos dejan solos ante la que se avecina», denuncia.

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