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Enoturismo: el duro impacto de la COVID-19 en pequeñas bodegas argentinas

Un estudio desarrollado por Bodegas de Argentina midió el impacto que implica el actual cese de actividades para el área de Enoturismo de las bodegas.

El sector del enoturismo argentino aún no se repone (y está lejos de poder lograrlo por el momento), del fuerte cachetazo de la COVID-19. La ausencia de turismo sigue haciendo estragos en muchísimas actividades, pero las micro y pequeñas bodegas del país están atravesando un momento clave y sumamente crítico.

Un estudio realizado a fines de abril por Bodegas de Argentina midió, entre otras cosas, el impacto que trae aparejado la cuarentena en materia de empleo para el sector del enoturismo argentino.

Esta área es donde las bodegas atraviesan el gran desafío de mantener las remuneraciones de los empleados sin percibir ingresos con normalidad, debido al cierre de la actividad turística.

El relevamiento, que se hizo a través del Observatorio de Enoturismo de Bodegas de Argentina, arrojó datos en base a información de 95 bodegas, de las 241 que actualmente se encuentran abiertas al turismo en Argentina. De ese total, el 63% están en la provincia de Mendoza. El resto, en diversas provincias del país.

Una vez relevados los datos, se revisaron los resultados en el Foro de Enoturismo, organizado por la cámara vitivinícola nacional.

Respecto a los datos aportados por el Observatorio de Enoturismo, a través de esta investigación, se vislumbra que el turismo en bodegas emplea en forma directa y permanente a más de 1.300 personas. De ellas, 760 trabajan en el sector de turismo, visitas y demás experiencias, 350 en el sector gastronómico y 200 personas en el sector de alojamiento.

Es importante destacar que los equipos de trabajo se conforman también con personal contratado bajo el formato de “trabajo temporal”, debido a la fluctuación en la cantidad de turistas que se recibe. Así, en marzo, el turismo del vino en bodegas empleaba a alrededor de 650 personas en forma temporal en el país, se puntualizó en el informe de Bodegas de Argentina.

“El principal destino de los ingresos percibidos por una bodega a través de su actividad turística es el pago de sueldos de los empleados y que la masa salarial promedio asciende a los $ 278.000 mensuales. Por lo que, tomando de referencia las principales opiniones globales que estipulan que el área turística demorará, al menos, 12 meses en recomenzar su actividad; se calcula un impacto de más de 3 millones de pesos en promedio, por bodega, únicamente en masa salarial”, se analizó en el reciente estudio.

Bodegas de Argentina avanza en la instrumentación de medidas y protocolos que deba implementar el sector para brindar la confianza y el cuidado que requiere cada visitante y cada lugar donde se desarrolla la actividad.

El enoturismo es un área esencial para micro y pequeñas bodegas, que representan el 78% de las bodegas abiertas al turismo en el país. Entre ellas, el 53% elabora menos de 500 mil litros anuales de vino. Por esto, la falta de actividad turística golpea en forma directa a la rentabilidad de este grupo de bodegas.

“Es importante destacar que más del 70% de las bodegas abiertas al turismo en Argentina poseen capitales de inversión exclusivamente nacionales. Del mismo modo, se trata de una industria joven, ya que más del 50% abrió al turismo en los últimos 15 años. La mayoría de los destinos enoturísticos del país se encuentran en plena etapa de crecimiento”, se argumentó.

A este escenario particular, se debe sumar que la actividad enoturística se desarrolla no sólo con bodegas, las cuales son una suerte de columna vertebral, sino que también hay una variedad de empresas que conforman el “cluster enoturístico”.

Por lo cual, se informó desde la entidad nacional, el análisis del impacto debe completarse con “la caída de actividad de operadores especializados en el rubro, empresas de transporte de pasajeros, servicios profesionales, aplicaciones digitales y otras actividades que complementan las experiencias en los variados Caminos del Vino de Argentina”.

El enoturismo es importante para los destinos también en materia de hotelería, alojamientos, artesanías, productos gastronómicos envasados y otras economías regionales, así como también en el sector de turismo de reuniones, que creció mucho en los últimos años.